La obsesión – posesión y su tratamiento en la historia

17 enero, 2021 1 Por espiritasmadrid

por Víctor Manuel Fernández Martín [1]

          En los escasos estudios académicos que existen sobre los “nuevos movimientos religiosos”, los historiadores de la religión definen[2] la posesión, junto a la canalización, como una de las dos formas de manifestación espiritual. Distinguen, en este sentido, dos tipos de posesión: la involuntaria, cuando una persona es poseída o subyugada contra su voluntad, y la voluntaria, cuando es practicada intencionalmente y sus adeptos son incorporados o poseídos, como ocurre en los llamados “cultos de posesión” que, entre otros, engloban religiones como la Umbanda, la Santería o el Candomblé[3]. Este artículo se centrará en la posesión involuntaria para poder confrontarla con las respuestas que, a lo largo de la historia, se han dado para su tratamiento.

          Ante la pregunta de Allan Kardec a los Espíritus sobre si éstos influyen en nuestros pensamientos y acciones, estos responden  que “su influencia es mayor de lo que creéis, pues muy a menudo son ellos quienes os dirigen[4]. Además, plantean la posibilidad de una sugestión por parte de los Espíritus imperfectos, que nos pueden impulsar al mal, con el objetivo de “haceros sufrir como ellos sufren[5]” lo cual se les permite con el fin de que se nos pruebe nuestra fe y constancia en el bien[6].

          Así las cosas, no es de extrañar que el ser humano, en su afán de conocimiento del entorno y de sí mismo, haya tratado de dar múltiples explicaciones a aquellas situaciones en las que sus acciones no se adecúan a su voluntad. Conocidas son aquellas palabras de Pablo de Tarso: “Porque no logro entender lo que hago; pues lo que quiero no lo hago; y en cambio lo que detesto lo hago[7]”. Y se ve que esta lucha interior le preocupaba cuando continúa diciendo que “si yo hago lo que no quiero, no soy yo quien lo realiza, sino el mal que habita en mí[8]”, hasta el punto de finalizar con casi un grito de desesperación: “¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?[9]

          El espiritismo se aleja de esa postura dualista basada en los opuestos Bien-Mal, Dios-Demonio, Espíritu-Materia que, en el fondo, consideran que sólo el espíritu es algo “puro” y la materia es algo malo. No es esta la lección que nos dan los espíritus quienes, en todo caso, nos alertan[10] contra los apegos excesivos a la materia, siendo ésta un medio de progreso, nunca un fin.

          No es de extrañar, por tanto, que estas reflexiones sean habituales en el ser humano, sea cual fuere su cultura, educación y momento histórico. Con este artículo se pretende sintetizar las distintas interpretaciones históricas que se han dado a ese fenómeno el cual debería haber quedado aclarado gracias a la Doctrina Espírita codificada por el pedagogo francés, Allan Kardec.

          El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define la posesión, en su tercera acepción, como “Apoderamiento del espíritu del hombre por otro espíritu que obra en él como agente interno y unido con él[11]”. Este trastorno del comportamiento que se atribuye al apoderamiento del espíritu por uno o más demonios, desde el punto médico, se considera un trastorno disociativo de la histeria y se le denomina «endemoniaría» o «demonio manía»[12].

Siendo imposible aquí exponer todas las respuestas que, a lo largo de la historia, el ser humano ha dado a esas situaciones de posesión, veamos algunas de las más notables.

Piedad Yuste, profesora de filosofía de la UNED, explica[13] que el documento más antiguo conocido, que recoge la tradición terapéutica sumeria, es una tablilla grabada con letra cuneiforme y datada en el período Neosumerio (2112-2004 aC) en la que, entre otros remedios, se cita el uso de sustancias de origen animal “empleadas en los exorcismos y encantamientos para ahuyentar al demonio causante del mal”. Son estas las referencias más antiguas de posesiones demoníacas que conocemos y es que los sumerios creían que todas las enfermedades del cuerpo y de la mente eran causadas por «demonios de la enfermedad» llamados gid-dim.​ El sacerdote que practicaba exorcismos se denominaba ŝipu, por contraposición a los aŝu, médicos que aplicaban vendajes.

Scurlock y Andersen[14] observan que los ŝipu seguían un procedimiento estándar de modo que, examinado y escuchado al paciente, acudirían a un registro que recogía la sintomatología, emitían un diagnóstico sabiendo, además, qué fantasma, dios o diosa enviaba la dolencia y llevaban a cabo entonces determinadas prácticas rituales o namburbi.

Este mismo esquema se reproduciría en el Antiguo Egipto. Walter Ledermann[15] afirma que los historiadores han sobreestimado la medicina de esa época, elevando a la categoría de arte o ciencia una práctica que más tenía de magia. Este investigador analizó diferentes papiros relacionados con el tema en los que se recoge una sintomatología y remedios basados en ungüentos, hierbas e invocaciones mágicas o exorcismos. 

Las culturas chamánicas presentes, por cierto, en puntos tan distantes del Planeta como puedan ser Siberia o el Amazonas, han sido estudiadas académicamente por los antropólogos Clottes y Lewis-William.[16] En ellas, se describe algún tipo de posesión demoníaca que trataba de ser anuladas por chamanes mediante exorcismos varios. En estas culturas, los decesos se atribuían a la acción de un demonio sobre el cuerpo del paciente.

Todas estas religiones y espiritualidades, llamémoslas, “antiguas” tienen en común lo que el profesor de la Fundación Xavier Zubiri, Antonio González Fernández[17], califica de “esquema retributivo”: yo doy algo al dios o al espíritu a cambio de la salud o de algún beneficio material, superando la clásica identificación del “hecho religioso” con “lo sagrado” que proponía Mircea Eliade.[18] En este sentido, el precitado profesor González expone que, cuanto más primitiva es una religión, más se pone de manifiesto ese “esquema retributivo”. El culmen de la evolución sería, por tanto, el cristianismo en el que se daría una ruptura radical del mencionado “esquema retributivo” puesto que en esta religión, cuando se entiende correctamente, no hace falta ningún sacrificio u oración para obtener algo a cambio. Dios se muestra como un Padre bondadoso abierto a todo el que le busca. Evolución que, sin embargo, no ha sido lineal a lo largo de toda la historia del cristianismo, y se han introducido elementos “antiguos” como sacrificios, ayunos, abstinencias, indulgencias, comercio de reliquias, etc. Es por ello que el espiritismo, conocido como Tercera Revelación[19], devuelve el sentido más pleno a esa forma de entender el Cristianismo[20]

Si esto es así, ¿qué sentido tienen los exorcismos que de manera más o menos frecuente lleva a cabo, entre otras, la Iglesia Católica? ¿No estaremos, quizá, ante una incongruencia entre esa doctrina y el mensaje del Maestro Jesús? Las comparaciones son odiosas pero en ciertas religiones orientales, como el budismo, se afirma que, dado que Buda ya ha vencido a los demonios, estos ya no pueden atormentar al ser humano. Es por ello que, en los pórticos de los templos budistas, es habitual encontrar dos demonios significando que Buda los ha reducido a la misión de “guardianes del templo”. Sin embargo, la Iglesia Católica no sólo cree en las posesiones demoníacas[21] sino que prepara, teológica y prácticamente, sacerdotes exorcistas que, con la aprobación del Ordinario u Obispo de la diócesis que se trate, puedan practicar esos sacramentales[22].

Son cuestiones que se resisten a la razón y al progreso espiritual. El problema de fondo es, quizá, una cuestión ontológica, es decir, una mala comprensión de la realidad espiritual del ser humano que encarna y reencarna para su progreso. Así, si somos espíritus que encarnamos revistiéndonos de materia, ¿cómo es posible ser “poseído” por otro espíritu?

Cuestión distinta es que otros espíritus puedan influirnos o, incluso, obsesarnos pero ¡atención!, no es lo mismo influencia que posesión. Influencia que, por otro lado, nos recuerdan, que no es irresistible y que con nuestra voluntad, con nuestras acciones buenas y con la ayuda de la oración y, en los casos más severos, con pases magnéticos, que en tantos centros espíritas se dan, se puede superar[23].


[1] Víctor Manuel Fernández Martín, economista y post-grado en Historia y Filosofía de las Religiones, es profesor de Universidad,  y miembro de la Asociación de Estudios Espíritas de Madrid.

[2] Wikipedia, “posesión espiritual”,  [consulta: 9 de octubre de 2020]. Disponible en:  https://es.wikipedia.org/wiki/Posesi%C3%B3n_espiritual

[3] Fernando Klein, “Quimbanda y Umbanda: cultos afro-brasileños en el Río de la Plata”, 2017, Universidad de Paraguay, Montevideo.

[4] Cfr. Allan Kardec, El Libro de los Espíritus, ítem. 459

[5] Ibid. Item 465

[6] Ibid. Item 466.

[7] Cfr. Romanos 7, 15

[8] Cfr. Romanos 7, 20

[9] Cfr. Romanos 7, 24

[10] Cfr. Allan Kardec, “El libro de los espíritus”, ítem 27.

[11] Diccionario online de la RAE, “posesión”,  [consulta: 9 de octubre de 2020]. Disponible en:  https://dle.rae.es/?w=posesi%F3n&origen=REDLE

[12] Wikipedia, “posesión demoníaca”,  [consulta: 9 de octubre de 2020]. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Posesi%C3%B3n_demon%C3%ADaca

[13] Piedad Yuste; “El arte de la curación en la Antigua Mesopotamia”. Revista “Espacio Tiempo y Forma. Serie II Historia Antigua., 2010, pág. 27-42.

[14] Scurlock, J y Anderson, B. (2005), “Diagnoses in Assyrian and Babylonian Medicine”. University of Illinois Press.

[15] Walter Ledermann, (2016), “Una mirada crítica sobre la medicina en el Antiguo Egipto”. Revista Chilena de Infectología, diciembre de 2016.

[16] Jean Clottes et David Lewis-Williams, “Les chamanes de la préhistoire”, Points-Historie, 2015

[17] Cfr., por ejemplo, Antonio González Fernández, “Buscar a tientas, una reflexión sobre las religiones”. Biblioteca Menno, 2020.

[18] Mircea Eliade, “Historia de las Creencias y de las ideas religiosas”, Universidad de Chicago, 1967.

[19] Cfr. Allan Kardec, “El Evangelio según el Espiritismo”. Introducción.

[20] Allan Kardec, “El Evangelio según el Espiritismo”. Capitulo V, ítem 26, “Pruebas voluntarias. El verdadero cilicio”.  

[21] Para la Iglesia Católica la existencia del demonio es un dogma de fe. Cfr. puntos 391 y ss del Catecismo de la Iglesia Católica, actualmente en vigor.

[22] Los exorcismos, citados en el punto 1673 del actualmente en vigor Catecismo de la Iglesia Católica, vienen regulados en cuanto a su procedimiento por el Codex Iuris Canonici, canon 1172.

[23] Cfr. Allan Kardec, “El Libro de los Médiums”, capitulo XXIII, ítems 249 y ss. “medios para combatir la obsesión”