{"id":1394,"date":"2023-12-16T13:03:56","date_gmt":"2023-12-16T12:03:56","guid":{"rendered":"https:\/\/www.espiritasmadrid.com\/?p=1394"},"modified":"2023-12-16T13:03:56","modified_gmt":"2023-12-16T12:03:56","slug":"un-dia-en-la-vida-de-allan-kardec-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.espiritasmadrid.com\/index.php\/2023\/12\/16\/un-dia-en-la-vida-de-allan-kardec-3\/","title":{"rendered":"Un d\u00eda en la vida de Allan Kardec"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Art\u00edculo redactado por Juan Miguel Fern\u00e1ndez<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Par\u00eds, a pesar de ser \u201cLa ciudad luz\u201d es triste en invierno. Aquella tarde tambi\u00e9n lo era. La nieve ca\u00eda lentamente, pero Kardec sentado en su despacho, no observaba lo que ocurr\u00eda al otro lado de los ventanales. Estaba preocupado, encerrado en sus pensamientos, un dolor, un sufrimiento marcaba su rostro austero. Eran d\u00edas dif\u00edciles. El dinero no alcanzaba para las publicaciones, al tiempo que llov\u00edan las cartas de elogios y quejas protestando por la publicaci\u00f3n de \u201cEl libro de los Esp\u00edritus\u201d, que hab\u00eda tenido un eco en el mundo intelectual.<\/p>\n\n\n\n<p>En pugna dos fuerzas tenia enfrentadas a \u00e9l. \u201cEl materialismo\u201d que no aceptaba que la Doctrina Esp\u00edrita impulsara al hombre en la direcci\u00f3n de Dios y las \u201cclericales\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el coraz\u00f3n oprimido record\u00f3 como los Esp\u00edritus le hab\u00edan despertado. C\u00f3mo se hab\u00eda iniciado todo \u201caquello\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Record\u00f3 como su amigo el Sr. Fortier, magnetizador como \u00e9l, con el que manten\u00eda una gran amistad desde hac\u00eda 25 a\u00f1os, le hab\u00eda hablado por primera vez de las mesas giratorias. De las mesas danzantes. Era el a\u00f1o 1.855.<\/p>\n\n\n\n<p>Y c\u00f3mo en casa de la Sra. Plainemaison, sensitiva, a la que acudieron para presenciar el fen\u00f3meno, su amigo el Sr. Fortier le dec\u00eda \u00a1Pregunte! \u00a1Pregunte! Y el preguntaba \u201cmentalmente\u201d y la mesa contestaba con golpes a sus preguntas.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de varias visitas comprendi\u00f3 Hip\u00f3lito Le\u00f3n Denizart Rivail, pues entonces manten\u00eda su verdadero nombre, que era un fen\u00f3meno diferente y que fuerzas inteligentes se encontraban detr\u00e1s de todo aquello.<\/p>\n\n\n\n<p>Y estando absorto con sus pensamientos, la puerta se abri\u00f3 y entr\u00f3 en el despacho su esposa \u201cAmelia Gabriela Boudet\u201d.<\/p>\n\n\n\n<ul class=\"wp-block-list\">\n<li>Hip\u00f3lito, acaban de traer este paquete para ti\u2026<\/li>\n<\/ul>\n\n\n\n<p>Lo recogi\u00f3, era un paquete humedecido, cort\u00f3 las cuerdas que lo rodeaban y lo abri\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Era un libro de color verde, en cuero de Rusia, con sus hojas ra\u00eddas y amarillentas por el uso. Unas letras impresas en oro dec\u00eda \u201cEl libro de los Esp\u00edritus\u201d. Y m\u00e1s abajo Allan Kardec.<\/p>\n\n\n\n<p>Observ\u00f3 sus hojas desgastadas y entre ellas encontr\u00f3 una carta. Despleg\u00f3 el papel y ley\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>Se\u00f1or<em> Kardec, perm\u00edtame saludarle con mucha gratitud, este libro salv\u00f3 mi vida.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo soy Joseph Perrier y hace muchos a\u00f1os que trabajo de encuadernador en Par\u00eds, siendo muy aceptado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Le tengo que hacer un poco de historia, pero perm\u00edtame que le ofrezca este libro para que usted lo tenga de recuerdo, porque a este libro le debo la vida.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Kardec respir\u00f3 profundamente y sigui\u00f3 leyendo la carta que dec\u00eda\u2026<\/p>\n\n\n\n<p><em>Yo viv\u00eda feliz. Ten\u00eda un hogar. Me hab\u00eda casado hac\u00eda pocos a\u00f1os y mi esposa llenaba todas las ilusiones de mi vida. Todo me sonre\u00eda. Profesionalmente estaba trabajando bien\u2026 Pero un d\u00eda una enfermedad nefasta, cruel, marc\u00f3 nuestra existencia y fue consumiendo la de ella, hasta que muri\u00f3.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Fue todo tan r\u00e1pido Sr. Allan Kardec que no consegu\u00eda comprender porque pasaba esto. Materialista, ateo, no aceptaba que hubiese un Dios capaz de llevarse de mi lado a alguien tan amoroso, tan gentil, que hab\u00eda alegrado mi vida. Y ya mi vida no ten\u00eda sentido.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Despu\u00e9s de que ya la hab\u00eda sepultado, solamente una idea rondaba mi cabeza. Era la del suicidio. Para que seguir viviendo. Qu\u00e9 raz\u00f3n hab\u00eda para que me mantuviera con vida, mientras ella estaba al \u201cotro lado\u201d, seg\u00fan dec\u00edan las religiones de la vida. Pero yo no ten\u00eda ninguna prueba, no ten\u00eda ninguna evidencia. Ella no estaba m\u00e1s a mi lado, no afectaba mis sentidos, y mis sentimientos estaban destrozados por la ausencia de ese ser tan amado, tan querido.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Una noche paseando por el Sena, no hace mucho tiempo se\u00f1or Kardec, esa idea constante del suicidio continuaba rondando mi mente. Avanc\u00e9 por el \u201cPuente Nuevo\u201d, la niebla parec\u00eda cubrirlo todo. Apenas se ve\u00edan las farolas iluminadas y dije: \u201cEste es el momento\u201d. Mir\u00e9 las aguas turbulentas del Sena en las que algunos pedazos de hielo ya empezaban a marcha y dije \u201cS\u00ed \u00a1Ah querida m\u00eda, si realmente me esperas estar\u00e9 all\u00ed del otro lado muy pronto! Y cuando fui a parapetarme en el borde del puente \u201calgo\u201d cay\u00f3 a mi lado que me llam\u00f3 la atenci\u00f3n, me distrajo y mir\u00e9. Me agach\u00e9 y lo recog\u00ed. Era un libro. Con \u00e9l en la mano busqu\u00e9 una de las farolas para ver de que se trataba. Era un libro humedecido por el roc\u00edo que hab\u00eda ca\u00eddo en la noche y que dec\u00eda: El libro de los Esp\u00edritus\u201d. Abajo alguien hab\u00eda escrito \u201cEste libro salv\u00f3 mi vida\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No sab\u00eda que actitud tomar\u2026 El instante en que quer\u00eda matarme hab\u00eda pasado y la curiosidad por saber de que se trataba ese libro que dec\u00eda \u201c\u2026que hab\u00eda salvado la vida a alguien\u201d alguna cosa tendr\u00eda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Emprend\u00ed el regreso a mi hogar y pas\u00e9 el resto de la noche leyendo este libro.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Ah se\u00f1or Kardec, yo quiero agradecerle a usted que me salv\u00f3 la vida!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ahora s\u00e9 que este libro es maravilloso y doy gracias a usted que fue quien lo escribi\u00f3 y quien escuch\u00f3 las voces de los Esp\u00edritus para darme una orientaci\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Rec\u00edbalo entonces con mi profunda gratitud porque nunca habr\u00e9 de olvidarme que gracias a usted no me he matado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> Y escribi\u00f3 tambi\u00e9n en el libro \u201cA mi tambi\u00e9n me salv\u00f3 la vida\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Allan Kardec sinti\u00f3 que le corr\u00edan las l\u00e1grimas por las mejillas y pens\u00f3 \u201cque poca importancia ten\u00eda la incomprensi\u00f3n de los dem\u00e1s o la intolerancia cuando en realidad alguien ven\u00eda a agradecerle el haberle salvador la vida\u201d. Y llor\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese fue un hecho \u201cimportant\u00edsimo\u201d en la vida del notable Maestro codificador del Espiritismo, porque de esa manera, en la hora crucial en que el sent\u00eda el desamor de la gente, llegaba una prueba de gratitud que todos de alguna forma necesitamos en un momento de nuestra vida. No porque hagamos el bien o ayudemos a alguien esperando la recompensa, sino tambi\u00e9n porque se necesita una palabra de est\u00edmulo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo redactado por Juan Miguel Fern\u00e1ndez Par\u00eds, a pesar de ser \u201cLa ciudad luz\u201d es triste en invierno. Aquella tarde tambi\u00e9n lo era. La nieve ca\u00eda lentamente, pero Kardec sentado en su despacho, no observaba lo que ocurr\u00eda al otro lado de los ventanales. 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