{"id":1264,"date":"2023-10-21T12:12:29","date_gmt":"2023-10-21T10:12:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.espiritasmadrid.com\/?p=1264"},"modified":"2023-10-21T12:12:29","modified_gmt":"2023-10-21T10:12:29","slug":"el-auto-de-fe-de-barcelona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.espiritasmadrid.com\/index.php\/2023\/10\/21\/el-auto-de-fe-de-barcelona\/","title":{"rendered":"El auto de fe de Barcelona"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Art\u00edculo redactado por Juan Miguel Fern\u00e1ndez Mu\u00f1oz<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En 1861 nadie podr\u00eda pensar que las reminiscencias de la tristemente famosa Inquisici\u00f3n que, exactamente en Espa\u00f1a, en el transcurso de la Edad Media, hiciera derramar caudales de sangre, en el intento de imponer su dominio religioso, todav\u00eda estuviesen presentes.<\/p>\n\n\n\n<p>El editor y escritor parisino, de ideas avanzadas, Maurice La Ch\u00e2rtre, que hab\u00eda abandonado Francia, exili\u00e1ndose por diferencias pol\u00edticas con Napole\u00f3n III, se hab\u00eda establecido en Barcelona. Percibiendo el inter\u00e9s que en aquel tiempo empezaban a despertar las obras que trataban del Espiritismo, en la ciudad condal, el cual hac\u00eda furor en la sociedad francesa y en el resto del mundo, solicita de la Revista Espiritista, sita en Par\u00eds, y que manten\u00eda un amplio activo de servicio de librer\u00eda, una partida compuesta por trescientas piezas entre libros, folletos y peri\u00f3dicos de contenido espirita.<\/p>\n\n\n\n<p>La aduana, en cumplimento de severas disposiciones, retiene este cargamento compuesto por dos envoltorios, advirtiendo a la di\u00f3cesis sobre la reserva de libros sospechosos. El tr\u00e1mite se retarda por la ausencia del obispo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las ideas espiritistas se extend\u00edan as\u00ed por todo el mundo. Los obispos presionaban a los pol\u00edticos para impedir la libertad de culto y consegu\u00edan una orden ministerial que prohibian los libros esp\u00edritas, a los que consideraban muy da\u00f1inos para la moral del pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo el reinado de Isabel II, ejerc\u00eda entonces Don Antonio Palau y Termes, obispo de Barcelona, de la funci\u00f3n particular de Polic\u00eda de prensa. A \u00e9l le fueron enviados, merced de tal autoridad y para el cumplimiento de las exigencias aduaneras, un tomo de cada libro y varios folletos. C\u00f3mo se encontraba en Madrid, en esas fechas, le remitieron ejemplares de la importaci\u00f3n detenida hasta que se tuviese la sentencia eclesi\u00e1stica. El obispo dispone entonces confiscar la partida de libros y folletos espiritistas, replicando de forma agresiva e impropiamente, que la Iglesia Cat\u00f3lica es universal y que han de ser sentenciados al fuego por deshonestos y contrarios a la fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuenta Allan Kardec en Obras P\u00f3stumas que solicit\u00f3 por v\u00eda diplom\u00e1tica, como era de prever ante el C\u00f3nsul franc\u00e9s en Barcelona, que le fuesen devueltos los libros, pero no dio resultado, ya que no era permitida su entrada en el pa\u00eds, a pesar de que se le obligara a pagar los derechos, en raz\u00f3n de que siendo contrarios a la moral y a la fe cat\u00f3lica, el gobierno no pod\u00eda consentir que estos libros viniesen a pervertir la moral y la religi\u00f3n de otros pa\u00edses.<\/p>\n\n\n\n<p>De nada valieron los recursos legales, internacionales o diplom\u00e1ticos para esa personalidad con opini\u00f3n. Envi\u00f3 el obispo los libros condenados para ser quemados en una plaza p\u00fablica a manos de un verdugo<em>-\u201cen el lugar donde se<\/em> <em>ejecutaban a los criminales condenados a la \u00faltima pena\u201d.<\/em> La extravagancia del obispo reside en el toque de esc\u00e1ndalo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Codificador crey\u00f3 que era su deber pedir consejo a su gu\u00eda espiritual el esp\u00edritu de Verdad, pero la respuesta fue que <em>\u201cmis previsiones son de que resultar\u00e1 de este auto de fe el bien m\u00e1s grande, que no producir\u00eda la lectura de los mismos vol\u00famenes condenados a la hoguera\u2026\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En la ma\u00f1ana del 9 de octubre de 1861, d\u00eda para siempre memorable, con 14 para 15 a\u00f1os de edad, <strong>Bernardo Ram\u00f3n Ferrer,<\/strong> saliendo de su casa en Barcelona, vio un grupo de personas en actitud de protesta que se dirig\u00eda para la Explanada de la Ciudadela antigua de la ciudad, una extensi\u00f3n de cerca de 400 metros cuadrados, donde a\u00fan parec\u00eda o\u00edrse el entrechocar de las armas y el resonar de las botas en los ejercicios de las huestes de Felipe V, lugar donde eran ajusticiados los criminales, y donde se desarroll\u00f3 la escena medieval. Bernardo se incorpor\u00f3 a la manifestaci\u00f3n. All\u00ed el Tribunal de la Santa Inquisici\u00f3n, reduc\u00eda a cenizas decenas de infelices e indefensas criaturas tenidas por herejes o feticheras. No era m\u00e1s que un ni\u00f1o y qued\u00f3 impresionado para toda la vida cuando observ\u00f3 una gran muchedumbre que llenaba la calzada y cubr\u00eda la inmensa explanada, donde una pir\u00e1mide de libros nuevos, reci\u00e9n despojados de sus embalajes se ergu\u00eda en el centro de la plaza. A lo lejos sonaban las campanas y sus ecos llegaban a la plaza como estrepitosos cristales que se part\u00edan. Eran las diez y treinta minutos de la ma\u00f1ana, el Sol iluminaba el verde de las plantas y las hojas de los \u00e1rboles, descubriendo aqu\u00ed y all\u00ed, los primeros tonos amarillos del oto\u00f1o, cuando un sordo murmullo de las voces at\u00f3nitas que presenciaban el inusitado espect\u00e1culo, que comenzaba a producirse, ven\u00eda a confundirse con \u00e9l viento. Un sin n\u00famero de observadores asist\u00edan, atra\u00eddos por el espect\u00e1culo, que produjo estupefacci\u00f3n, risas, e indignaci\u00f3n, para irrumpir con palabras de aversi\u00f3n y burla.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerca, un sacerdote vestido con los h\u00e1bitos sacerdotales, trayendo en una de sus manos la cruz, y en la otra una antorcha encendida, realiza todo el aparato del ritual, lee el Auto, desciende la antorcha e inicia la quema de las obras literarias. El notario redactaba el proceso verbal del auto de fe, mientras gritos de protesta se elevaban alrededor. Con su nariz curva y sus peque\u00f1os ojos impasibles, el sacerdote, indiferente a la multitud, vigilaba al escribiente, empleado superior de la administraci\u00f3n de la aduana y a los tres muchachos encargados de alimentar el fuego. Tomado de indignaci\u00f3n, el agente de aduanas, representante del propietario de las obras que ard\u00edan, vituperaba al dirigente de aquel acto prepotente. Una inmensa multitud que obstru\u00edan los paseos y llenaban la inmensa explanada donde se ergu\u00eda el siniestro, se aproxima al lugar, ya que hab\u00eda corrido la noticia de que se iba a vivir un anacr\u00f3nico proceso. Expresiones de desagrado se ergu\u00edan de la masa all\u00ed reunida. Poco a poco se o\u00edan voces m\u00e1s exaltadas, gestos y gritos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras tanto el sacerdote observ\u00f3 las llamas erguirse hasta que se consumieron todas las encuadernaciones, folletos y revistas espiritas. Despu\u00e9s de que el fuego consumi\u00f3 los vol\u00famenes, los personajes del acto emprendieron su retirada bajo una profunda tristeza, e insultos y con un indeciso paso.<\/p>\n\n\n\n<p>El juicio popular parte de los n\u00facleos organizados compuestos por anarquistas, obreros y gente del pensamiento liberal que creaban la efervescencia que antecede a la revoluciones sociales, en un mundo donde el ochenta por ciento eran analfabetos. Los espiritistas pocos en ese tiempo, ya estaban persuadidos que para colaborar con la pac\u00edfica conducci\u00f3n de la humanidad, hacia una nueva conducta, exige tiempo, sacrificio, ejemplo y pr\u00e9dica.<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, aquellas no eran \u00e9pocas donde se conjugaban contemplaciones, nadie se sorprend\u00eda de ver arder libros frente a los atrios o a los p\u00e1rrocos alimentar con \u00e9stos las estufas y hasta los fieles mansamente cooperaban con tal devastaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los testigos y activo divulgador, fue <strong>Ram\u00f3n Lagier y Pomares,<\/strong> Capit\u00e1n de ultramar, que presenci\u00f3 el auto de fe de los libros espiritistas, en ocasi\u00f3n de estar fondeado con el mercante La Monarch, (El Monarca), de los astilleros de Marsella, en la rada de Barcelona. <em>\u201cTraer\u00e9 todos los libros que dese\u00e9is en mi pr\u00f3ximo viaje a Marsella\u2026\u201d<\/em> Fue el desahogo en voz alta del Capit\u00e1n de la marina mercante. Posteriormente facilit\u00f3 durante muchos a\u00f1os el ingreso en Espa\u00f1a de libros espiritistas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella acci\u00f3n que provenida del Santo Oficio, cre\u00f3 en la multitud exactamente la inquietud que se deseaba evitar. Lejos de conseguir la indiferencia, consigui\u00f3 aumentar la curiosidad p\u00fablica. Algo de lo que se ten\u00eda apenas informaciones imprecisas o informes en conservaciones de bares y tabernas, tertulias familiares o por informes de segunda o tercera mano, ganaba ahora un inter\u00e9s directo.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque el Auto de Fe no haya marcado precisamente la penetraci\u00f3n del Espiritismo en Espa\u00f1a, se puede decir que fue la acci\u00f3n propagand\u00edstica m\u00e1s eficaz que los adeptos de este pensamiento pudieran tener y justamente efectuada por quien pretend\u00eda detener su divulgaci\u00f3n. Todos los diarios espa\u00f1oles, en sus ediciones del d\u00eda siguiente, se ocuparon detenidamente del asunto. Los m\u00e1s liberales cargaron sus tintas en su condenaci\u00f3n al Santo Oficio.<\/p>\n\n\n\n<p>Una verdadera cruzada fue dirigida contra el Espiritismo, inici\u00e1ndose el periodo de lucha, siendo en cierto modo la se\u00f1al el auto de fe de Barcelona, hasta all\u00ed hab\u00eda sido objeto de sarcasmos, de la incredulidad que se r\u00ede de todo, en particular de aquello que no comprende, as\u00ed como de las cosas m\u00e1s santas a las cuales ninguna idea nueva puede escapar.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> El 9 de octubre de 1861, debi\u00f3 reinar la impresi\u00f3n de que el Espiritismo, hab\u00eda escrito su \u00faltima p\u00e1gina en Espa\u00f1a y as\u00ed parec\u00eda indicarlo, sin embargo la reacci\u00f3n fue totalmente antag\u00f3nica.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos escuchado a trav\u00e9s de la mediumnidad, a los propios esp\u00edritus, manifestar sus luchas cuando subidos en fardos y sacos en el puerto de Barcelona, o en la misma f\u00e1brica, se dirig\u00edan a la gente habl\u00e1ndoles del Espiritismo, aquella FILOSOF\u00cdA DE VIDA que hab\u00eda llegado de Francia, y c\u00f3mo la gente se agrupaba para escucharles y preguntarles acerca de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>El 1\u00ba de mayo de 1864, la Sagrada Congregaci\u00f3n del \u00cdndice, de Roma, ordena el registro de las obras espiritistas, recibiendo la inesperada publicidad del pensamiento independiente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Art\u00edculo redactado por Juan Miguel Fern\u00e1ndez Mu\u00f1oz En 1861 nadie podr\u00eda pensar que las reminiscencias de la tristemente famosa Inquisici\u00f3n que, exactamente en Espa\u00f1a, en el transcurso de la Edad Media, hiciera derramar caudales de sangre, en el intento de imponer su dominio religioso, todav\u00eda estuviesen presentes. 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