Soñar es Vivir

13 julio, 2015 por admin Dejar una respuesta »

Todos los hombres sueñan aun cuando no se acuerden en el momento de despertar y recobrar la lucidez mental.
Entre las concesiones que la Divinidad otorga al Espíritu encarnado en la Tierra, destaca el sueño reparador fisiológico y los sueños, que constituyen una eficiente acción en las engranajes de la maquinaria física y psíquica. Es la consecuencia natural de la “Ley del trabajo” mediante la cual el Espíritu, como el cuerpo, se nutren de lo indispensable para la preservación de la vida conforme a los patrones de la Naturaleza, que hace de ello una necesidad, ya que cuando alcanza el ” límite de las fuerzas ” le impone un descanso que se vuelve, igualmente, un derecho fundamental.
Gracias a la disminución de la actividad orgánica el sueño se manifiesta como uno de los más útiles reconstituyentes. Simultáneamente faculta a los centros de la consciencia y a los depósitos de la memoria una pausa para que se reorganicen los núcleos que recogen los datos accionadas durante la vigilia. Las piezas de la maquinaria física se reajustan entonces, y se establece un cambio de energías y factores en el mantenimiento del cuerpo físico, por medio de la cual el alma se educa y crece en el cumplimiento de las funciones que debe desempeñar.
Sin embargo, en este estado, como el Espíritu nunca permanece inactivo recobra el control de las potencialidades, se aflojan las lazos que le unen a la envoltura corporal, se desprende y, atraído por las poderosas corrientes que lo enlazan a las vibraciones que cultiva, es llevado en el astral, a los lugares donde se complace en permanecer pudiendo, a veces, no solamente recordar el pasado de acuerdo con su grado de mayor o menor evolución, sino penetrar en los arcanos de su futuro gracias a las percepciones que se le acentúan con intensas claridades, consiguiendo ciertamente que muchas almas puedan introducirse en la información de los acontecimientos importantes reafirmándose posteriormente.
Además, en los desprendimientos naturales y parciales facultados por el sueño, el ser reencarnado se comunica mas fácilmente con los Espíritus recibiendo instrucciones y directrices que lo ayudan en la escala evolutiva, así como reencuentra a los seres que ama o rechaza. Durante el sueño, el Espíritu busca asimismo los afectos o desafectos del camino para ajustar sus propias cuentas.
En ese tiempo domina la vida espiritual, mientras que en la vivencia de la acción corporal se invierten los valores. Normalmente ocurre también que a la visión captada en el estado de desprendimiento del alma se suman las imágenes archivadas en la memoria produciendo, cuando se regresa al cuerpo, una confusión y desorden que no representa lógica alguna. No siempre los sueños se refieren a acontecimientos de la vida física, razón por la cual no se les debe atribuir mayor importancia.
Una metódica disciplina mental puede lograr resultados muy positivos impidiendo que las cosas diarias interfieran en los paisajes penetrados durante el periodo de los sueños. De ahí que los meramente fisiológicos, en los cuales la dominación de ideas y hechos archivados en el inconsciente aparecen más firmemente, llegan a la conciencia en estados alucinatorios alcanzando y perturbando el Espíritu.
Siendo predominante la vida espiritual, por ser preexistente y sobrevivir al cuerpo físico, es al hambre al que le corresponde pensar y actuar como si cada momento de su vida fuese el último instante que mereciese ser aprovechado con sabiduría, a fin de que , en la emancipación del alma por medio del sueño, pueda gozar anticipadamente del estado en que se encontrará cuando se libere definitivamente del envoltorio carnal bajo el impositivo de la mente física.
Juan Miguel Fernandéz Muñoz

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