No basta creer en los espíritus

23 septiembre, 2009 por admin Dejar una respuesta »

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“No se ponga en contra de quién hable, por el simple placer de la contradicción”.
(André Luiz – Espíritu)

Imaginemos que hoy día fuese posible, no en ambientes espíritas naturalmente, provocar una reunión con personas y realizar una conversación hablando de “aquello” que está en sus mentes y desean, pero que no se atreven por el que dirán: Del más allá.

Encontraríamos en el grupo seres en los cuales podríamos descubrir, una vez más, que la mediumnidad no es privilegio de nadie en especial, y que permanece junto a todos nosotros, en niños y ancianos, mujeres y hombres, en todas partes, tal y como nos enseña la Doctrina Espírita, manifestándose consecutivamente a través de casos claros de intuición, audición, clarividencia, precognición, entre otros, y que algunos investigadores asocian, todavía, a la parapsicología.

Pero tras ello, preguntaríamos ¿Qué prueban estas cosas?

Quizá encontraríamos la respuesta más o menos convincente de “ que en el hombre hay algo grandioso que trasciende lo físico y sobrepasa lo material”.

Profundizando aún más, estableceríamos posteriormente un diálogo en el cual llegaríamos, con gran poder de persuasión y conocimiento, al convencimiento de que los Espíritus existen. Que en el Mundo Espiritual, el invisible, se intercala con el físico en esa comunicabilidad permanente de vibraciones y sintonías.

¿Esto modificaría la vida de cuantos hubieran llegado a esta realidad?

No. No a todos, para ser más exactos. La mayoría de las personas continuarían siendo lo que antes eran.

Para ellos que importa creer en la existencia de los Espíritus, si esa creencia no les vuelve mejor, más benevolentes e indulgentes para con sus semejantes, más humildes y pacientes en las adversidades de la vida.

¿El avaro dejará de serlo? ¿El orgulloso bajará de su imaginario pedestal? ¿El envidioso gozará con lo propio, sin desear lo ajeno? ¿Será más caritativo con su prójimo?

Esos hombres pues, podrían creer en las manifestaciones de los espíritus y el género humano quedaría estacionado por su comportamiento.

Se engañan los que piensan que tan sólo los fenómenos podrían cambiar y convencer a todas las personas. Fenómenos han existido desde que la humanidad comenzó a caminar en nuestro planeta. Puede ser, acaso, una llamada de atención…, un posible despertar.

Y aquí es, precisamente, donde debemos significar la finalidad del Espiritismo definida por Allan Kardec: “ A través de su práctica se pretende la transformación de la Humanidad, el mejoramiento de las masas por el mejoramiento de los individuos”.

La Filosofía Espírita, tan distinta y desinteresada en este aspecto a otras, por si misma no aspira a cambiar o mejorar el Mundo, serán los hombres como pequeñas células, que irán progresivamente desarrollándose, los que lo harán en los años venideros, multiplicándose en bien de los demás.

Según se conozca en su expresión y contenido, la Doctrina de los Espíritus se extenderá, haciendo progresar moralmente a los seres, porque es el sino inevitable de todos nosotros.

Recordemos que nuestra evolución espiritual ha de llegar. Tenemos toda la eternidad por presente y es por esto que nuestro Padre Creador nos espera.

Juan Miguel Fernández Muñoz

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