Los fluidos sanadores

23 septiembre, 2009 por admin Dejar una respuesta »

20071219235048-aire

Para aquellos que a través de la búsqueda del conocimiento “despertamos” al mundo invisible, la sanación espiritual es contemplada como “algo” natural que forma parte de nuestras vidas y a la que acudimos convencidos con fe razonada.

Difícil es comprender a los que no se despojaron todavía de su incredulidad, haciéndolos salir de sus negativas ideas, de que “no estamos solos”, que estamos acompañados por espíritus familiares que desencarnaron, así como de otros más evolucionados que buscan el bien general de la Humanidad, ayudándonos e instruyéndonos en nuestro caminar.

No existen escuelas para la formación de sanadores, ya que estas curaciones son debidas a las potentes energías que los “seres espirituales” generan y canalizan con su asistencia; pero es de suma importancia que las personas que se dediquen conscientemente a esta tarea se predispongan a acondicionar su íntimo de manera que puedan establecer una buena sintonía con los “guías” que habitan los planos invisibles, colaborando estrechamente en esa unión tan necesaria para conseguir resultados positivos, actuando en silencio, sin vanagloriarse, siendo el instrumento necesario para nuestros amigos cósmicos. Ha de cultivar la pureza de sentimientos, el desinterés, la benevolencia, el deseo de proporcionar alivio al semejante. La voluntad de servir es factor preponderante.

El estado vibratorio de un sanador, cuando se encuentra armonizado, emana espontáneamente unos fluidos que estabilizan el ambiente del auténtico “Centro de cura”, donde colabora, anulando con su presencia las energías negativas que pudieran haberse acumulado en su ausencia. Los trabajos son preparados y regulados previamente por los “Mentores Espirituales”, siendo este un proceso impecable en su ejecución, aplicándose según la evolución del individuo.

Allan Kardec, el Codificador de la Doctrina Espiritista, dijo que el ser pensante es constituido de tres elementos: El espíritu eterno ( principio inteligente del hombre), el periespiritu (envoltura del espíritu), o cuerpo de plasma biológico, constatado por la cámara Kirlian y confirmado por los científicos rusos en 1965 al que llaman cuerpo bioplasmático, y la materia, que es la sombra transitoria que pasa.

Para comprender de que manera se genera la sanación espiritual, desde la observación espiritista, debemos decir que el “Fluido Cósmico Universal” (energía cósmica), es el elemento primitivo del periespíritu (sobre el que se tratará la curación) y del propio cuerpo físico.

Desde el instante de la fecundación, el cuerpo carnal fue constituido molécula a molécula por la voluntad del espíritu, que definirá el futuro cuerpo espiritual del ser.

Por ser ambos transformaciones de él, ese fluido, condensado en el periespíritu, puede proporcionar principios reparadores al cuerpo.

El pensamiento del sanador actúa sobre los fluidos espirituales, transmitiéndolos de Espíritu a Espíritu, conforme sean buenos o malos, sanando o viciando los fluidos ambientales.

El periespíritu de los encarnados, siendo de naturaleza idéntica al de los fluidos espirituales, él los asimila con facilidad, como una esponja se empapa de un líquido, dependiendo, está claro, de la ley de sintonía y afinidad.

Actuando esos fluidos sobre el periespíritu, este, a su vez, reacciona sobre el organismo material con el que se encuentra en contacto molecular; si los efluvios son de buena naturaleza, el cuerpo siente una grata y saludable sensación; si no lo son la impresión es negativa.

Considerado como materia terapéutica, el fluido tiene que alcanzar la materia orgánica, a fin de repararla, puede, entonces, ser dirigido contra el mal por la voluntad del sanador, o atraídos por el deseo ardiente, por la confianza, por la fe del enfermo. Con relación a la corriente fluidica, el sanador obra como una bomba impulsora y el enfermo como una bomba aspirante. Algunas veces es necesaria la sintonía de las dos acciones. La disposición mental de quien aplica la sanación y de quien la recibe es muy importante.

El poder terapéutico está en la pureza de la sustancia transmitida, de la fuerza psíquica y espiritual, cuya corriente fluidica circula de aura a aura, pero depende también de la energía de la voluntad que, cuanto mayor sea, más abundante emisión fluídica provocará y mayor fuerza de penetración dará a los fluidos.

Los fluidos son también el vehículo del pensamiento, el cual puede modificar las propiedades, impregnándolas de cualidades buenas o inferiores según la pureza o impurezas emitidas.

Lo importante es, repetimos, la disposición mental para transmitir o captar los fluidos.

Podemos concluir, después de este análisis, que las formas externas de sanación son secundarias y solamente pueden ser válidas aquellas aplicaciones que ofrezcan mayor porcentaje de confianza a quién da y a quién recibe, atendiendo a los principios de la ética, simplicidad y discreción cristiana.

Juan Miguel Fernández Muñoz

Publicidad

Comentarios cerrados.