La libertad de actuar

23 septiembre, 2009 por admin Dejar una respuesta »

crossroads

“La existencia es la suma de todo lo que hicimos de nosotros mismos”.
(André Luiz – Espíritu)

Estudiamos con la Doctrina Espírita que el hombre, puesto que tiene libertad para pensamientos. Por lo tanto, es el “arquitecto” de su futuro.

Según el uso de su libre albedrío él fija su rumbo, prepara sus alegrías o sus dolores.

Sin embargo, su existencia estará sometida a determinadas circunstancias de acuerdo con la programación que haya establecido con sus guías espirituales antes de su reencarnación. Si hay elección de pruebas en la Tierra, el Espíritu establecerá para sí mismo una especie de destino, de ahí que el libre albedrío no tenga una medida absoluta sino relativa.

Las condiciones sociales, así como los obstáculos, las malas compañías, las tentaciones, los sinsabores, son situaciones de su propia existencia predominando su soberana voluntad.

Puede nacer en un ambiente humilde pero, gracias a su perseverancia, triunfará sobre las dificultades encontradas. Podrá soportar las enfermedades con serenidad y resignación. Quizá sea tentado de diversas maneras, pero sólo se transformará en un delincuente si él lo desea.

El hombre es libre para escoger el tipo de vida que quiera llevar.

La libertad es la condición necesaria del alma humana, ya que sin ella no podría construir su destino.

A simple vista, la libertad del hombre parece ser muy limitada dentro del círculo de fatalidades que el rodean: necesidades físicas, condiciones sociales, intereses, etc. Pero si considera con calma el problema en profundidad, verá que esta libertad es siempre suficiente para permitir superarlas con valor.

Recordemos que la libertad y la responsabilidad son correlativas en el ser que aumentan con su progreso. La responsabilidad del hombre crea su dignidad y moralidad. Sin ella no sería más que un autómata, un juguete presa del entorno en el cual se desenvuelve.

El hombre es libre pero responsable y podrá realizar aquello que desee, aunque estará ligado inevitablemente al fruto de sus propias acciones.

Juan Miguel Fernández Muñoz

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