¡Comencemos…ya!

12 agosto, 2015 por admin Dejar una respuesta »

Es frecuente que entre los espiritistas comentemos el problema de comunicación que existe cuando nos relacionamos con otras personas a las que nos unimos, con la intención de transmitirles el conocimiento de la doctrina espirita.
El rechazo que sufrimos, o la falta de interés es latente y a veces no comprendemos el porque no somos escuchados con atención. Aún que en alguna que otra oportunidad lleguemos a conseguir el propósito.
Analizando detenidamente este marcado inconveniente, quizás podamos llegar a descifrar este enigma, al que en repetidas ocasiones nos enfrentamos y que en ocasiones llega a atenazarnos la mente.
Interpretando la oración por pasiva, es decir, situándonos en el mismo lugar que nuestros interlocutores, podríamos apreciar que tal vez cuando nos dirigimos a ellos, no damos a nuestras palabras la sensación de fiabilidad que estas necesitan a través del ejemplo, pues al ser observados pueden pensar “¿Como esta persona puede hablarme de amor, caridad, comprensión y tolerancia, si él en su comportamiento carece de todo ello?”.
Es por ello, que sugerimos hacer una autocrítica, ahora que todavía estamos a tiempo, para verificar si no somos parte interesada de esta situación de la que nos quejamos, y así tendríamos una clara demostración del accioma “causa-efecto”.
Estamos convencidos que los seminarios, coloquios, cursos, conferencias y sesiones del trabajo a las que hemos asistido a lo largo de los años, respaldadas todas por los libros leídos y estudiados nos han esclarecido, dándonos un saber muy amplio de todo aquello que el Mundo Mayor continuamente nos recomienda para nuestro mejoramiento espiritual.
Efectivamente, una inmensa mayoría de los que frecuentamos una casa espirita y “conocemos” El Espiritismo, dominamos perfectamente la teoría pero vamos demorando la aplicación de la practica, esa asignatura pendiente, al igual que los que tienen la intención de someterse a una dieta de adelgazamiento y siempre sistemáticamente la aplazan “para el próximo mes…”; mes que nunca llega. Eso si, la intención es francamente buena. Al sentirnos fascinados deseamos adaptar la teoría adquirida, que a todos nos parece maravillosa y necesaria para nuestra evolución, pero es tan duro y sacrificado dejar las costumbres cotidianas para mejorarnos íntimamente que nuestro propio egoísmo nos exige aplazarlo también “para el próximo mes, o para la próxima encarnación”.
Por eso nos preguntamos ¿Con que base nos quejamos? Si los que tenemos la oportunidad de enriquecernos espiritualmente, no nos decidimos a transformar nuestras vidas para mejorarnos interiormente y nos perjudicamos al retrasarnos a la incorporación practica de la Doctrina. Aún que sepamos que en el momento en que nos decidamos tendremos el camino abierto y nuestro correcto comportamiento, al ser examinados por los demás, nos abrirán muchas puertas. Los Hermanos Espirituales, si somos merecedores, nos señalaran el sendero y nos acompañaran por el trayecto ayudándonos en los momentos difíciles, apartando con nosotros, las piedras que iremos encontrando para que no sean tan pesadas; por el empeño, recordemos, es personal e intransferible.
Que la senda a seguir sea la acertada dependerá exclusivamente de nuestro libre albedrío, pero para ello debemos esforzarnos y trabajar. Trabajar pensando en los demás, como nos han enseñado, ya que repercutirá fundamentalmente en nosotros mismos, al ser los primeros en iluminarnos. La luz que desde dentro irradiará, hará resplandecer el entorno facilitándonos el caminar que debe ser ascendente.
Por lo tanto si deseamos que las demás personas nos escuchen y presten atención, no dejemos hermanos “para el próximo mes” en poner en practica las enseñanzas de la Doctrina de los Espíritus.
¡Comencemos…ya!

Juan Miguel Fernández Muñoz.

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