Archivado en 6 abril 2011

De Cara Al Tercer Milenio

6 abril, 2011

mentebaierta

Desde hace mucho tiempo se hacen oir voces que anuncian a la humanidad la expectativa de mejores condiciones de vida para el hombre, en este futuro inmediato que se conoce como el Tercer Milenio.

Se vislumbran ya los primeros indicios que pronostican el despertar de la Era del Espíritu. Existen señales en la actividad humana que nos indican que marchamos hacia una idea global, hermanándonos por el mismo amor, identificados por las mismas metas, trabajando y sirviendo conforme al grado de evolución alcanzado, bajo la mirada atenta de Jesús, el Maestro amado.

Él nos enseño con el ejemplo y la palabra cual era el verdadero camino. Imitarlo en el ejercicio del amor y en la práctica del bien es lo que hará mejorar a este planeta.

Sabemos que la estrechez de nuestra mente, condicionada naturalmente a los sentidos físicos, nos hace visulizar y limitar el comienzo, presente y fin de las cosas.

En las esferas espirituales, la dimensión del tiempo adquiere nuevas acciones y efectos.

Estando el Espíritu fuera de las limitaciones de la materia espesa, menos condicionado por encontrarse liberado del cuerpo físico, los desencarnados que alcanzaron cierto grado de evolución pueden precisar con exactitud circunstancias del pasado o hechos futuros, sobre todo con finalidades esclarecedoras y de ayuda. Para los Espíritus purificados, desvinculados ya de las sensaciones del tiempo ¿qué representa, por ejemplo, el periodo de uno o más siglos frente a la eternidad? No se puede decir lo mismo de los Espíritus que sufren, para los cuales el transcurso del tiempo parece que se dilata intensificando en ellos el suplicio.

Los Espíritus Superiores informan que podemos prever en un futuro no muy distante, con un margen razonable de seguridad, que las facultades de telepatía, videncia, audiciencia, psicofonía, psicografía,la curación, y todos los demás fenómenos mediúmnicos, ya en fase de estudio por la ciencia parapsicológica del hombre, serán de uso extendido entre los seres humanos que se elevaron en la superficie de la moral y el conocimiento.

Habrá un tiempo, indudablemente que no está próximo, pero que asimismo no se encuentra lejano, en el que el desconocimiento se eclipsará de la faz de la Tierra. Cuando la Tierra modifique su psicosfera, que es el resultado de las construcciones mentales del hombre, la ignorancia se apartará de nuestro planeta, y la angustia que nos agobia, derivada precisamente de estos fluidos que nuestra mente emana, también desaparecerá.

El ser humano alcanzará inexorablemente la creencia en la existencia de Dios y sus Leyes Divinas, y comprenderá las calidades de los valores éticos, disfrutará mejor de la alegrías adquirirdas en el ejercicio del amor, principalmente aquellas que aumente en el privilegio de servir. Las neurosis y las llamadas angustias serán sustituidas por las edificaciones mentales de progreso y felicidad. El mal, símbolo de las fuerzas inferiores que actualmente se encuentran instaladas en la Tierra, dejará de existir para siempre.

Es conveniente destacar que el futuro depende, y dependerá siempre, de nuestro proceder de hoy pudiendo, por tanto, ser reformado por medio de acciones ennoblecedoras.

Podemos asegurar que muchos millares de Espíritus terrestres, inmersos en el mal y en la soberbia, por su propia culpa y necesidad expiatoria, serán enviados a planetas en estado evolutivo semejante a la Tierra. Aunque no sea posible situar tal acontecimiento en términos de distancia de años, se afirma que esto ocurrirá al límite del ciclo evolutivo cuyo final estamos viviendo.

Por lo tanto aguardemos con esperanza y fe su venida que significará el triunfo de las conquistas interiores. El hombre acabará comprendiendo su verdadera naturaleza espiritual. Pero recordemos que el Tercer Milenio tendrá mil años para su transformación y progreso.

Juan Miguel Fernández Muñoz

La Libertad De Actuar

6 abril, 2011

elegir

“La existencia es la suma de todo lo que hicimos de nosotros mismos”. (André Luiz – Espíritu)

Estudiamos con la Doctrina Espírita que el hombre, puesto que tiene libertad para pensar, tiene también la de obrar y que su destino es el resultado de sus actos y pensamientos. Por lo tanto, es el arquitecto de su futuro.

Según el uso de su libre albedrío él fija su rumbo, prepara sus alegrías o sus dolores.

Sin embargo, su existencia estará sometida a diversas circunstancias de acuerdo con la programación que haya establecido con sus guías espirituales antes de su reencarnación. Si hay elección de pruebas en la Tierra, el Espíritu establecerá para sí mismo una especie de destino, de ahí que el libre albedrío no tenga una medida absoluta sino relativa.

Las condiciones sociales, así como los obstáculos, las malas compañías, las tentaciones, los sinsabores, son situaciones de su propia existencia predominando su soberana voluntad.

Puede nacer en un ambiente humilde pero, gracias a su perseverancia, triunfará sobre las dificultades encontradas. Podrá soportar las enfermedades con serenidad y resignación. Quizá sea tentado de diversas maneras, pero sólo se transformará en un delincuente si él lo desea.

El hombre es libre para escoger el tipo de vida que quiera llevar.

La libertad es la condición necesaria del alma humana, ya que sin ella no podría construir su destino.

A simple vista, la libertad humana parece ser muy limitada dentro del circuito de fatalidades que lo rodean: necesidades físicas, condiciones sociales, intereses, etc. Pero si considera con calma el problema en profundidad, verá que esta libertad es siempre suficiente para permitir superarlas con valor.

Recordemos que la libertad y la responsabilidad son correlativas en el ser y que aumentan con su progreso. La responsabilidad del hombre crea su dignidad y moralidad. Sin ella no sería más que un autómata, un juguete presa del entorno en el cual se desenvuelve.

El hombre es libre pero responsable y podrá realizar aquello que desee, aunque estará ligado inevitablemente al fruto de sus propias acciones.

Juan Miguel Fernández Muñoz