Archivado en 23 marzo 2010

La Presencia De Los Espíritus En Nuestras Vidas

23 marzo, 2010

Espíritus

Sabemos, gracias a la Doctrina Espírita, de la influencia de los Espíritus sobre los acontecimientos de la vida. Conocemos que ejercen a través del pensamiento un poder directo en muchas de las acciones que emprendemos. Y también entendemos que nunca se apartan de las Leyes de la Naturaleza a la hora de influir sobre nosotros.

Al pensar así, podríamos considerar que ponen limitaciones a nuestros actos, porque nos sentimos observados. Pero por el contrario, consideramos que puede ser posiblemente un freno a nuestras incorrectas realizaciones, ya que se nos auxilia de manera eficaz en nuestro vivir al precisar su ayuda y recibir orientación a través de las intuiciones e inspiraciones que percibimos, sin coartar la propia libertad de elegir.

Cierto día, hace ya algunos años, tras la conferencia que habíamos impartido en un querido Grupo Espírita de Andalucía, correspondíamos durante el coloquio a las preguntas que se nos estaban formulando, cuando una persona que había estado presente en el acto nos comentó:

“Me sorprende mucho que hable usted con tanta naturalidad de los Espíritus y el “mundo espiritual”, ya que para mí esto no está tan claro”.

Seguidamente, tras disculparnos, le contestamos que la manera de hablar y de sentir emanaba instintivamente de nuestro íntimo gracias al razonado conocimiento que hemos adquirido a través del estudio y las experiencias vividas a lo largo de los años y que los Espíritus habían hecho germinar en nuestra vida.

Y esta manera de expresión, este sentimiento, acompañado del alimento espiritual, es lo que desearíamos contagiar de modo claro a familiares, amigos y a todos aquellos que conviven junto a nosotros. Porque bien es cierto que cada ser humano, cada espíritu encarnado, tenemos cerca un Espíritu protector que nos vela. Pero recordemos, también, que nuestros malos pensamientos y actos podrán atraer a espíritus imperfectos que se unirán con el fin de alejarnos del buen camino en cuanto se les presente la ocasión.

Será entonces cuando se creará un enfrentamiento entre el bien y el mal, que llevará al hombre el desenlace, en función de la lucha íntima que él, y solamente él, marcará su decisión y su sintonía.

Sí, los Espíritus están presentes en nuestras vidas, pero nosotros seremos quienes decidiremos con el comportamiento, si será beneficioso o perjudicial para nuestra evolución espiritual.

Juan Miguel Fernández Muñoz

¿Para Cuándo?

23 marzo, 2010

Voluntad

Hace ya algunos años escuchábamos una historia que deseamos relatar, puesto que nos era muy peculiar por la reiteración a la que se presta el comportamiento de muchos llamados por sí mismos “espiritistas” a lo largo de sus vidas.

Nos comentaban cómo el personaje de esta narración, al que llamaremos Alberto, fue aplazando, a pesar de su buena intención, su incorporación a las tareas que la Doctrina Espírita ofrece a todos aquellos que desean colaborar en su divulgación.

Él se había entusiasmado con el “descubrimiento” y deseaba hacer todo lo posible para hacerla llegar a sus familiares y amigos, con el fin de que experimentasen la paz interior que a él le había proporcionado. Sin embargo su participación seguía siendo muy escasa a la hora de compartir el trabajo con el Grupo Espírita al que estaba afiliado.

Ya en tiempos de su madurez, Alberto, argumentaba a los compañeros del Centro que se encontraba absorbido por el trabajo laboral. En su empresa precisaban de gente dedicada por entero a su profesión y gracias a su esfuerzo y dedicación tenía muchas posibilidades de ascender de categoría dentro de la entidad.

Efectivamente tras unos años, en los cuales había ido postergando su esperada incorporación al grupo de trabajo del Centro Espírita, por el que él simpatizaba en su ciudad, fue ascendido a gerente.

Iba transcurriendo el tiempo y la atención a la empresa, debido a su elevado cargo, le ocupaba prácticamente todas las horas del día.

Muy de tarde en tarde, visitaba las reuniones mediúmnicas y prometía que en fecha muy próxima, cuando se jubilase, sería el momento más adecuado para participar de manera más continuada.

Y llegó el esperado momento de la jubilación anticipada que él esperaba. En su empresa querían personal más joven, aires nuevos que oxigenase el entorno empresarial y él llevaba ya muchos años en su dirección.

Sin embargo, ¡qué felicidad! Felicidad, porque ahora podría por fin gozar de la vida a la que no había tenido acceso por su agotador trabajo. Había pasado por ella sin haber saboreado las cosas bellas del espíritu. Sería este el momento, aún tenía muchas ilusiones y ganas de vivir.

Y en las cosas bellas de la vida que él había proyectado, surgió, con todo el cariño, la dedicación del tiempo a cuidar de sus nietos, fieles reflejos de sus hijos, de cuya compañía y amor no había podido disfrutar antes.

Pasaron tan solo unos meses y un día llegó la noticia; Alberto había cumplido su tiempo en la Tierra. Había desencarnado y nunca, por un motivo u otro, se había incorporado a las tareas del Grupo Espírita de su ciudad.

Transcurrió un tiempo y un buen día Alberto fue invocado en una reunión mediúmnica realizada por sus antiguos compañeros. Y Alberto, gracias al Plano Superior, se manifestó. Ahora se encontraba ligado, imantado espiritualmente a su familia física y cuidaba de ella.

Inconscientemente a pesar del conocimiento que se suponía debía tener, estaba retrasando así su evolución hacia esferas más sutiles, alejadas de este material mundo. A través de diálogo, surgido en la adoctrinación, se le hizo ver la necesidad de comenzar a realizar algo más positivo para su Espíritu. Fue muy laborioso hacerle comprender, por su insistencia, el perjuicio que él mismo estaba creándose.

Gracias a la ayuda de sus compañeros espiritistas y los Espíritus Mentores, Alberto por fin, comprendió que no debía permanecer más tiempo de momento junto a su familia física y emprendió el camino hacia su nueva vida.

No deseamos reprochar a Alberto su comportamiento, puesto que hemos de respetar el “libre albedrío” que Dios concede a todos sus hijos. Tan solo pretendemos despertar las mentes dormidas de aquellos que todavía no vivieron la realidad de su Espíritu y con ello se retrasan, aquí y allá, en el camino evolutivo hacía el Padre.

Juan Miguel Fernández Muñoz

La Piedra Milagrosa

8 marzo, 2010

mano confianza

Hace ya algunos años nos contaron la historia de una etapa de la vida de dos hermanos canarios de Santa Cruz de Tenerife.

Ambos, Agustín y Pablo eran propietarios individualmente de sendos comercios dedicados a la venta de telas, sabanas, toallas, encajes, bordados, manteles, etc., separados entre sí por algunas manzanas de casas de esta ciudad.

Cierto día que coincidieron en una celebración familiar, los hermanos se sinceraron y mientras el menor Pablo le argumentaba a su hermano la difícil situación económica por la que atravesaba, debido a la poca actividad de su negocio, Agustín le transmitía que el suyo funcionaba de acuerdo con los tiempos. No eran momentos para “tirar cohetes”, la verdad, pero se cubrían los gastos generales y además todos los meses se finalizaba ganando algún dinero.

“¿Y tú como lo consigues?”, preguntó Pablo.

Agustín respondió, “yo tengo un amuleto. Una piedra que me ayuda en mi trabajo”.

El hermano quedó muy sorprendido y solicitó: ¿ Y tú me puedes proporcionar una piedra de esas que hablas?

“Naturalmente, como no”, contestó Agustín.

Quedaron en hablarse más adelante.

Pasados unos días, Agustín llamó telefónicamente a su hermano menor para citarse con él y entregarle la piedra que le había solicitado.

“Pablo te entrego la piedra que me pediste, pero ésta tiene unas características especiales. Verás, debes colocarla en la tienda cerca de la caja registradora, y cada diez o quince minutos debes acariciarla. Ya sé que es una obligación molesta pero solamente funciona de esta manera. ¡Lógicamente algún inconveniente debía tener!”.

Transcurrió el tiempo y en otro nuevo encuentro familiar, Pablo corrió hacia su hermano abrazándole mientras le agradecía el gran favor dispensado, porque gracias a la milagrosa piedra que le había facilitado, el negocio estaba transformado y ahora era hasta próspero.

Agustín escuchó sus comentarios, le miró con amor y le dijo: “Querido Pablo, debo explicarte; antes te ausentabas frecuentemente del negocio visitando el bar y a los amigos varias veces al día, mientras tus empleados no prestaban atención al trabajo y dedicaban su tiempo a charlar entre ellos, sin atender debidamente a los clientes que entraban a comprar y cuando había que bajar de la estantería alguna tela que se encontraba un poco alta , ésta se había agotado, sin contar las frecuentes distracciones de la caja. Ahora como tú has de acariciar muy seguidamente la piedra, estás presente prácticamente casi todo el día. Ya no te ausentas de la tienda y tus empleados tienen que estar atentos a los clientes puesto que tú estás presente y naturalmente al estar cercano a la caja, ya no se distrae ningún euro de ella. Los amuletos y las magias carecen de importancia, solamente a través de nuestro esfuerzo y trabajo encontramos la compensación de nuestro buen hacer”.

El hermano que había escuchado la explicación, agachó la cabeza mientras Agustín advertía con tristeza como las lágrimas se escapaban lentamente de sus ojos, como tributo a sus errores.

El código moral de “El Evangelio de Jesús” dice: “A cada uno le será dado según sus obras”.

Todos nos hallamos ligados indisolublemente a nuestras propias obras y debemos aprender de nuestras experiencias. El presente y futuro se encuentran condicionados por nuestra acciones.

Los Espíritus nos transmiten que “nuestros actos tejen alas de liberación o cadenas de cautiverio, para nuestra victoria o nuestra derrota.

No achaquemos la situación que vivimos a “la suerte” ni tampoco al repetitivo “karma” como a veces acostumbramos a implicar. Los que hemos tenido la necesidad o el “merecimiento” de despertar. Aquellos que por las causas que desconocemos ahora somos conocedores de la parte teórica que los Espíritus nos ofrecen, no debemos demorar más la puesta en marcha de la práctica. Sabemos que el espíritu es perezoso por naturaleza y mucho más aquellos que estamos encarnados en este maravilloso planeta llamado Tierra, pero de nada nos servirá tener buenas intuiciones, estar trabajando y colaborando con los buenos espíritus, si no arrancamos de una vez para alcanzar este peldaño que solo nosotros podemos generar.

Juan Miguel Fernández Muñoz