Archivado en 7 enero 2010

¡Comencemos…Ya!

7 enero, 2010

escuchar

Es frecuente que entre los espiritistas comentemos el problema de comunicación que existe cuando nos relacionamos con otras personas a las que nos unimos con la intención de transmitirles el conocimiento de la Doctrina Espírita.

El rechazo que sufrimos, o la falta de interés es latente, y a veces no comprendemos porqué no somos escuchados con más atención. Aunque en alguna que otra oportunidad lleguemos a conseguir el propósito.

Analizando detenidamente este marcado inconveniente quizas podamos llegar a descifrear este enigma al que, en repetidas ocasiones nos enfrentamos y que en otras llega a atenazarnos la mente.

Interpretando la oración por pasiva, es decir, situándonos en el mismo lugar que nuestros interlocutores, podríamos apreciar tal vez que, cuando nos dirigimos a ellos, no damos a nuestras palabras la sensación de fiabilidad que estas necesitan a traves del ejemplo, pues al ser observados pueden pensar “¿Cómo esta persona puede hablarme de amor, caridad, comprensión y tolerancia, si en su comportamiento carece de ello?”.

Es por ello que sugerimos hacer una autocrítica, ahora que todavía estamos a tiempo, para verificar si no somos parte interesada de esta situación de la que nos quejamos. Así tendríamos una clara demostración del axioma “causa – efecto”.

Estamos convencidos que los seminarios, coloquios, cursos, conferencias y sesiones de trabajo a las que hemos asistido a lo largo de los años, respaldados por los los libros leídos y estudiados, nos han esclarecido, dándonos un saber muy amplio de todo aquello que el Mundo Mayor nos recomienda para nuestro mejoramiento espiritual.

Efectivamente, una inmensa mayoría de los que frecuentamos una casa espírita y “conocemos” el Espiritismo, dominamos perfectamente la teoría, pero vamos demorando la aplicación de su práctica, esa asignatura pendiente, al igual que los que tienen la intención de someterse a una dieta de adelgazamiento y sistemáticamente la aplazan “para el próximo mes”; mes que nunca llega. Eso sí, la intención es francamente buena.

Al sentirnos fascinados deseamos adaptar la teoría adquirida, que a todos nos parece maravillosa y necesaria para nuestra evolución, pero es tan duro y sacrificado dejar las costumbres cotidianas para mejorarnos íntimamente que nuestro egoismo nos exige también aplazarlo “para el próximo mes o para la próxima encarnación”.

Que la senda a seguir sea la acertada dependerá exclusivamente de nuestro libre albedrío. Pero para ello debemos esforzarnos y trabajar. Trabajar pensando en los demás, como nos han enseñado, ya que repercutirá fundamentalmente en nosotros mismos, al ser los primeros en iluminarnos. La luz que desde dentro irradiará, hará resplandecer eñ entorno facilitándonos el caminar que debe ser ascendente.

Por lo tanto, si deseamos que las demás personas nos escuchen y presten atención, no dejemos hermanos “para el próximo mes”, el poner en práctica las enseñanzas de la doctrina de los Espíritus.

¡Comencemos…ya!

Juan Miguel Fernández Muñoz

Soñar es vivir

7 enero, 2010

sueños

Todos los hombres sueñan aún cuando no se acuerden en el momento de despertar y recobrar la lucidez mental.

Entre las concesiones que la Divinidad otroga al Espíritu encarnado en la tierra, destaca el sueño reparador fisiológico y los sueños, que constituyen una eficiente acción en los engranajes de la maquinaria física y psíquica. Es la consecuencia natural de la Ley del Trabajo, mediante la cual el Espíritu, como el cuerpo, se nutre de lo ndispensable para la preservación de la vida conforme a los patrones de la naturaleza, que hace de ello una necesidad, ya que cuando alcanza el límite de las fuerzas le impone un descanso que se convierte en un derecho universal.

Gracias a la disminución de la actividad orgánica, el sueño se manifiesta como uno de los más útiles reconstituyentes. Simultáneamente, faculta a los centros de la conciencia y a los depósitos de la memoria una pausa para que se reorganicen los núcleos que recogen los datos accionados durante la vigilia.

Las piezas de la maquinaria física se reajustan entonces, y se establece un cambio de energias y factores en el mantenimiento del cuerpo físico, por medio del cual el alma se educa y crece en el cumplimiento de las funciones que debe desempeñar.

Sin embargo, en este estado, como el Espíritu nunca permanece inactivo, recobra el control de las potencialidades. Se aflojan los lazos que le unen a la envoltura corporal, se desprende y, atraído por las poderosas corrientes que lo enlazan a las vibraciones que cultiva, es llevado en el astral a los lugares donde se complace en permancer, pudiendo, a veces, no solamente recordar el pasado con su grado de mayor o menor evolución, sino penetrar en los arcanos de su futuro gracias a las percepciones que se le acentúan con intensas claridades, consiguiendo ciertamente que muchas almas puedan introducirse en la información de los acontecimientos importantes reafirmándose posteriormente.

Además, en los desprendimientos naturales y parciales facultados por el sueño, el ser reencarnado se comunica más fácilmente con los Espíritus recibiendo instrucciones y directrices que lo ayudan en la escala evolutiva, así como reencuentra a los seres que ama o rechaza. Durante el sueño, el Espíritu busca además los afectos o desafectos del camino para ajustar sus propias cuentas.

En ese tiempo domina la vida espiritual, mientras que en la vivencia de la acción corporal se invierten los valores. Normalmente ocurre también que a la visión captada en el estado de desprendimiento del alma, se suman las imágenes archivadas en la memoria produciéndose, al regresar al cuerpo, confusión y desorden sin lógica algna.

Una metódica disciplina mental puede lograr resultados muy positivos impidiendo que las cosas diarias interfieran en los paisajes penetrados durante el periodo de los sueños. De ahí que los meramente fisiológicos, en los cuales la dominación de ideas y hechos archivados en el inconsciente aparecen más fírmemente, llegan a la conciencia en estados alucinatorios alcanzando y perturbando al Espíritu.

Siendo predominante la vida espiritual, por ser preexistente y sobrevivir al cuerpo físico, es al hombre al que le corresponde pensar y actuar como si cada momento de su vida fuese a ser el último instante que mereciese ser aprovechado con sabiduría, a fin de que, en la emancipación del alma por medio del sueño pueda gozar anticipadamente del estado en que se encontrará cuando se libere definitivamente del envoltorio carnal bajo el impositivo de la mente física.

Juan Miguel Fernández Muñoz

Hay enfermedades porque hay enfermos

7 enero, 2010

curación

La gran cantidad de enfermedades físicas y mentales que el hombre padece nos demuestran claramente que es un ser incompleto. Su estructura orgánica perfeccionada en los milenios de la evolución antropológica aún padece de la fragilidad de los elementos que la contituyen.

Vulnerable a las transformaciones degenerativas, resiste el psiquismo y a través de sus neuronas cerebrales se exterioriza, afirmando así la preexistencia de la conciencia, independiente de las moléculas que constituyen su organización material.

La conciencia, en su realidad, es un factor extrafísico no producido por el cerebro, puesto que posee los elementos que la consustancian de forma que se le torna necesaria para manifestarse.

Esa energía pensante, preexistente y superviviente al cuerpo, evoluciona a través de las experiencias reencarnatorias, que constituyen un proceso de adquisición de conocimientos y sentimientos hasta lograr la sabiduría. Como consecuencia se hace heredera de sí misma, utilizando los recursos que almacena e invierte en etapa tras etapa para logros más avanzados.

Las dolencias orgánicas se instalan como consecuencia de las necesidades kármicas que le son inherentes, convocando al ser a reflexiones y fórmulas morales que se propicien el reequlibrio.

En razón de eso, podemos repetir que solamente “hay enfermedades porque hay enfermos”, esto es, la dolencia es un efecto de disturbios profundos en el campo de la energía pensante o Espíritu.

Las resistencias o carencias orgánicas resultan de los procesos de la organización molecular de los equipos que se sirve, producidos por la acción de la necesidad pensante.

En las patologías congénitas, el cuerpo psíquico impone los factores kármicos modeladores necesarios a la evolución, bajo impositivos que le impiden, por los límites y las imposiciones difíciles, a la reincidencia del fracaso moral.

Considerando de esta forma, a medida que la ciencia se equipa y soluciona patologías graves, creando terapias preventivas y proporcionando recursos curativos de gran valor, surgen nuevas enfermedades que pasan a constituirse en verdaderos desafíos. Esto se da porque la evolución tecnológica y científica de la sociedad no se presenta en igual correspondencia con el mecanismo de las conquistas morales.

El hombre se adueña de lo exterior y se pierde interiormente. Avanza en la línea horizontal del progreso técnico sin lograr la ética vertical. En el inevitable conflicto que se establece, comodidad y placer sin armonía interna, desconecta los centros de equilibrio y se abre favorablemnete a agentes agresores nuevos, a los cuales da vida desorganizando los conjuntos celulares.

Asimismo, las tensiones, frustraciones, vicios, ansiedades o fobias, facilitan las desarmonías psíquicas creando problemas orgánicos que dan cabida a tormentos mentales y emocionales.

Para funcionar todo el equipo en armonía, ajustado a las finalidades para las cuales se destina, exige un perfecto equilibrio de todas las piezas que lo componen.

De la misma forma, la maquinaria orgánica depende de los flujos y reflujos de la energía psíquica y ésta, a su vez, de las resuestas de las diversas piezas que acciona. En esa interdependencia, la vibración mental del hombre le facilita conscientemente o no el equlibrio o la desarmonía.

Sabiendo canalizar la corriente vibratoria, organiza y somete las piezas físicas a su comando, produciendo efectos de salud por largo periodo, no indefinidamente, dada la precariedad de los componentes construídos para el uso transitorio.

Las enfermedades contemporáneas, sustituyendo a algunas antiguas y sumándose a otras no conocidas a´n, se encuadran en el esquema del comportamiento evolutivo del ser, en su proceso de armonización interior de edificación.

En su esencia, la energía pensante posee los recursos divinos que debe exteriorizar. Para ello a semejanza de una cimiente, sólo cuando es sometida a la germinación, facilita la eclosión de sus extraordinarios elementos hasta entonces adormecidos o muertos.

La mente equilibrada gobernará el cuerpo en armonía y en ese intercambio, surgirá la salud ideal.

Juan Miguel Fernández Muñoz

Invitación a la oración

7 enero, 2010

orar

Los últimos adelantos científicos comprueban de una manera clara y patente el poder del pensamiento.

Los rayos N nos manifiestan con una irradiación que es más potente cuando la voluntad se ejerce, de otra parte, se ha comprobado científicamente que el cuerpo humano está más saturado de oxígeno cuando su espíritu rebosa de satisfacciones morales, mientras que, cuando le influyen malos pensamientos ocurre que estos hacen que el cuerpo se sature de carbono, ocasionándole un malestar indecible.

Todo aquel que haya orado de verdad conoce el consuelo y bienestar que se adquiere con la oración.

Sabemos que el objetivo de la oración y de su evocación es el elevar el alma a Dios. La diversidad de de las fórmulas no debe establecer ninguna diferencia pues Dios las acepta cuando son sinceras.

Toda oración elevada es manantial de magnetismo creador vivificante. Y toda criatura que la cultiva, con el debido equilibrio del sentimiento, se transforma gradualmente en foco irradiante de energías de la Divinidad.

Cuando Jesús dijo: ” (…) todo lo que pidiéreis con fé, en oración, vosotros lo recibiréis” (Mateo, 21 – 22), nos reveló que el acto de orar es algo mucho más profundo de lo que se puede observar a primera vista.

El conocimiento de la Doctrina Espírita, a través de su estudio, nos hace comprender también que, además de la importancia del cultivo de la oración, debemos aprender a orar y entender las respuestas de lo alto a nuestras súplicas.

El Espiritismo reconoce como buenas las oraciones de todos los cultos cuando son dichas con el corazón y no de labios solamente. Es cuando se transforman en vibración, energía y poder.

Creer que Dios sólo escucha una fórmula, centrada en una religión, es atribuirle la pequeñez y las pasiones de la humanidad. Dios es demasiado grande para rechazar la voz que le implora o que canta sus alabanzas.

Recordemos que la condición esencial de la oración, según San Pablo, es que sea inteligible, a fin de que pueda hablar a nuestro Espíritu. Hay que realizar las oraciones con destino al corazón. No se desean palabras en lengua extraña, o con superabundancia de expresiones que no dicen nada. La oración debe ser clara, sencilla, concisa, sin frases inútiles y pomposas. Cada palabra debe tener su propósito, debe hacer reflexionar, así alcanzara su finalidad.

Porque, cuando el hombre ora, su mente actúa sobre el fluido cósmico universal, estableciendo una corriente fluídica que transmite el pensamiento a quien nos dirigimos, asimilando fuerzas regenerativas en favor de si mismo, o de la persona por quien la hacemos.

Todos nosotros podemos encaminar las más variadas oraciones hacia Dios, en cualquier parte y tiempo, necesitando cultivar la paciencia y la humildad para esperar y comprender sus respuestas.

Juan Miguel Fernández Muñoz