Archivado en 30 septiembre 2009

La madurez de los niños

30 septiembre, 2009

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El entorno que rodea nuestra vida nos facilita en la mayoría de las ocasiones, mediante la observación, la oportunidad de aprender y comprender muchas de las enseñanzas que la Doctrina Espírita nos revela y que siempre han estado ahí.

Contemplábamos hace un tiempo una escena muy interesante: Un niño de cinco o seis años se debatía intranquilo, entre el calor y el aburrimiento en el asiento de un autobús, bombardeando a su madre que lo acompañaba, con preguntas e interrogantes en voz alta que la mayoría de las veces, y sin esperar respuesta alguna, contestaba él mismo, como si en un diálogo íntimo se hallase.

Nos daba la impresión como si la inocencia e inmadurez de la criatura fuesen correspondidas por la madurez y veteranía de su Espíritu, al cual pertenecía ese pequeño cuerpo en esta vida.

No es la primera vez que dialogando con jóvenes madres acerca de sus hijos en edad temprana hemos oído: ¡A veces me sorprende con sus preguntas! ¡Parece que ha nacido sabiendo! ¡No sé dónde ha aprendido las cosas que dice! Y así sucesivamente.

Vemos que la inteligencia y la evolución intelectual de los Espíritus que se reencarnan actuamente en nuestro planeta desde hace unos años, refleja que la Tierra se encuentra ya en ese periodo de regeneración que el Espiritismo nos anuncia.

El hombre común conoce el vehículo en el que se mueve, ignorando la mayor parte de los procesos vitales de los que se beneficia y utilizando el cuerpo de carne de la misma manera que un individuo extraño dispone de la casa en que reside.

Para que tuviésemos un recipiente tan primoroso y tan bello, como el cuerpo human, la Sabiduría Divina invirtió miles de siglos utilizando los múltiples recursos de la Naturaleza en el campo inmensurable de las formas…Para que lleguemos a poseer el sublime instrumento de la mente en planos más elevados no podemos olvidar que el Supremo Padre se vale del tiempo infinito para confeccionar y ensalzar la belleza y la precisión del cuerpo espiritual que nos concederá los valores imprescindibles para nuestra adaptación a la Vida Superior.

Juan Miguel Fernández Muñoz

La felicidad

30 septiembre, 2009

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La felicidad en su concepto espírita no siempre coincide con la idea que de ella tienen generalmente las personas.

Hay sujetos que viven y se preocupan expresamente por ser felices tratando siempre de conseguir el máximo bienestar y caen más tarde en la desdicha provocada por el desánimo.

Existen seres que luchan por destacar profesionalmente, considerando que ésta es una manera de sentirse dichosos, pero cuando consiguen lo que anhelan se confiesan desafortunados al experimentar que son incapaces de desempeñar la tarea que se les encomendó.

A las mesas abundantes acuden aquellos felices que adquieren enfermedaddes por los excesos gastronómicos a los que se aficionaron, al tiepo que hay desdichados que padecen por la carencia de lo más primordial para su subsistencia, pero sacan provecho de las lecciones que la vida puso en sus caminos y conquistan así los tesoros de los valores perdurables, los únicos que nos podemos llevar al otro lado de la vida física cuando ésta se apague.

Nos encontramos también con los felices de salud que, abusando de su fortaleza corporal, son sorprendidos por una desencarnación prematura. Así como hallamos a los desdichados por la enfermendad que, por los cuidados que prestan a sus cuerpos, alcanzan a vivir una larga existencia.

En todos los lugares observamos contrastes que nos aleccionan. Circunstancias felices transmiten muchas veces grandes tormentos en el futuro por no haber sabido utilizar con criterio los momento favorables que nos fueron concedidos.

Aquí y allá surgen, innumerables veces, los felices – desdichados, que se arrojan en los despropósitos y los desdichados – felices, que se elevan con las dificultades de las pruebas a las que son sometidos.

Apliquemos el entendimiento espírita a los acontecimientos y verificaremos que los felices y los desdichados no están calificados así por el bienestar o la escasez que los rodea exteriormente. Son y serán siempre aquellos que, en cualquier situación, construyen la felicidad o la desdicha de los demás, puesto que las leyes de la vida, según la enseñanza de la Filosofía Espírita, determinan que el hombre sea puesto a prueba por el hombre y señalan, además, que la felicidad o la desdicha provocadas por alguien en los caminos ajenos vuelven rigurosamente hacia quien las ocasionó.

Juan Miguel Fernández Muñoz

Pérdida de seres queridos

30 septiembre, 2009

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“…pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón y nadie os quitará vuestro gozo”. (Juan 16-22)

El ser humano a lo largo de su trayectoria atraviesa momentos y etapas en su vida que son significativamente penosos.

Pero una de los que más le marcan es indudablemente la pérdida de sus seres queridos, cuando uno tras otro van desapareciendo arrebatados por la muerte. Aquellos que compartiron sus alegrías, ilusiones y proyectos, así como las penas y tristezas en su caminar.

Es entonces cuando comienza en nuestro entorno la soledad llena de angustias e incertidumbres.

Estas separaciones, aunque momentáneas, descubren la insignificancia de las preocupaciones materiales, y nos invitan a prepararnos spara emprender el gran viaje hacia la vida verdadera.

En esas horas desoladas, cuando vemos que los ojos que nos contemplaron con amor se cierran para siempre, la Doctrina Espírita a través de su triple aspecto; científico, filosófico y moral nos presta un gran socorro, dándonos consuelo para esta desesperanza que nos embarga el corazón.

No nos va a “reponer” a los seres amados que partieron antes que nosotros, pero demuestra con hechos y pruebas irrebatibles que aquellos que creemos irreparablemente perdidos están a nuestro lado, encontrando un gran alivio al saber que permanecen “vivos”, que están presentes no sólo en nuestra imaginación, que sólo se destruyó su materia, tranformándose, conservando su eterno Espíritu con el que nos reuniremos un día al volver al Mundo Mayor, de donde procedemos todos.

Que su pensamiento nos envuelve, su amor nos protege, pudiendo incluso, algunas veces, comunicarnos con ellos y recibir sus consejos, invitándonos a apartar de nosotros esa vana tristeza, esos pesares estériles que les repercuten y los hacen infelices.

Pero debemos tener presente que, a veces, debido al desajuste evolutivo no nos será posible “contactar” con ellos al otro lado de la vida, en el Mundo Invisible para nuestros ojos físicos cuando Dios nos llame.

Es por ello que nos insisten y suplican que trabajemos con valor y perseverancia en nuestro mejoramiento; para que así volvamos a encontrarnos y nos reunamos en la vida espiritual.

Quizá también el encuentro de ambas vidas, aquí en la Tierra, sólo haya sido el compromiso de saldar deudas del pasado entre unos y otros. Es por ello que los que sientan la necesidad de conocer y profundizar en la naturaleza y el origen y destino de su Espíritu, encontrarán en el Espiritismo las claves del conocimiento que les permitirá ser más libres y consecuentes con sus vidas.

Mientras tanto, recordemos que nuestros seres queridos vivirán eternamente junto a nosotros, encontrándonos encarnados, es decir con el cuerpo físico, o no. Y para ello la fuerza y la voluntad de la mente, aquella que plasma nuestro pensamiento es un elemento vital para alcanzar esta meta.

Juan Miguel Fernández Muñoz

¿Qué conoce de la Doctrina de los Espíritus?

30 septiembre, 2009

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Estamos asistiendo últimamente, a través de la televisión, a programas de debate que dicen tener relación con los temas del espíritu y que no son más que enfrentamientos y disputas groseras que generan, a su vez, una gran confusión a todos aquellos que contemplamos atónitos estos “espectáculos”.

El título de este artículo servirá para manifestar y aportar un poco de luz a muchos de los asuntos que cuestionamoss por falta de información.

Hemos escuchado y leído en infinidad de ocasiones, divulgado por los medios de comunicación, que “realizando o practicando espiritismo” se han desencadenado situaciones lamentables.

Deseamos aclarar de forma generalizada que cuando en este aspecto nos hablan de “reuniones espiritistas” están refiriéndose a “reuniones mediúmnicas”. El Espiritismo es una ciencia que trata de la naturaleza, el origen y el destino de los Espíritus, así como de sus relaciones con el mundo corporal.

Desde que el ser humano camino sobre este planeta los espíritus se han comunicado con él, por ser la mediumnidad una facultad orgánica de carácter espiritual innanta en cada uno de nosotros.

Ahora bien, el Espiritismo, neologismo creado en 1.857 por Allan Kardec, codificador de la Doctrina Espírita, para diferenciarla del espiritualismo, explica y ordena esta faciltad educándola y encaminándola de tal forma que no sea un inconveniente en nuestras vidas.

El Espiritismo revebla conceptos nuevos y más profundos con respecto a Dios, el Universo, el Hombre, los Espíritus y las leyes que rigen la vida.

Revela además lo que somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, cuál es el objetivo de nuestra existencia y cuál es la razón del dolor y del sufrimiento.

Trayendo conceptos nuevos acerca del hombre y todo lo que le rodea, el Espiritismo abarca todas las áreas de conocimiento, de las actividades y del comportamiento humano, abriendo una nueva era para la regeneración de la Humanidad. Puede y debe ser estudiado, actualizado y practicado en todos los aspectos fundamentales de la vida, tales como el científico, filosófico, moral, educacional y social, desarrollando sus principios fundamentales:

La creencia en Dios, inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas.

La inmortalidad del alma.

La pluralidad de los mundos habitados por seres de diferentes grados evolutivos, iguales y más o menos evolucionados que los hombres.

La reencarnación que permite al hombre a través de la Ley de causa y Efecto progresar espiritualmente hasta llegar a la perfección.

La comunicabilidad con el mundo invisible, morada de los Espíritus no encarnados que permite conocer mediante sus manifestaciones el entorno espiritual con el que nos encontramos actualmente interpenetrados. La práctica mediúmnica que realizan los sespiritistas sólo es la ejercida en base a los principios de la Doctrina Espírita y dentro del la moral cristiana, sin ninguna clase de culto exterior y según la orientación moral del Evangelio: “Dad de gracia lo que de gracia recibisteis”.

Tan sólo debemos matizar que el fenómeno mediúmnico no es más una parte de la Doctrina Espírita, ya que su mayor fuerza radica en su filosofía y moral.

Esperamos haber aportado únicamente unas pinceladas de conocimiento sobre esta filosofía de vida a la que os invitamos a paarticipar con el razonamiento. Porque para aello vivimos en el siglo XXI, y los dogmas religiosos ya quedaron en el tiempo.

Juan Miguel Fernández Muñoz

El camino evolutivo del hombre

25 septiembre, 2009

Viernes 25 – 19:30h. “EL CAMINO EVOLUTIVO DEL HOMBRE”.  Por Rodrigo González

Los centros de fuerza

23 septiembre, 2009

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La Doctrina Espírita nos enseña a través de su amplio saber que el ser humano está constituido por la unión de tres principios: 1º EL ALMA O ESPÍRITU, causa de la vida psíquica; 2º EL CUERPO, envoltura material a la que el alma está temporalmente asociada durante su paso sobre la Tierra; 3º EL PERIESPÍRITU, substancia fluídica que sirve de lazo entre el alma y el cuerpo por medio de la energía vital. Del estudio de este organismo se han adquirido conocimientos nuevos que nos permiten explicar las relaciones entre ambos la idea directriz que preside la formación de todo individuo:la conservación del tipo individual y específico a pesar de los cambios perpetuos de la materia y el complicado mecanismo de la máquina viviente.

Cuando la sustancia fluídica del Periespíritu cesa, dejan los órganos de funcionar, se retira el principio vital, y el espíritu abandona el cuerpo. Entonces las células físicas dejan de formar un conjunto compacto y, al no tener ya una dirección común, tienden a separarse; es entonces cuando sobreviene la descomposición de la ya vacía envoltura carnal.

El Periespíritu, denominado también por otras filosofías de oriente y occidente como cuerpo astral, envoltorio o cuerpo bioplasmático, está compuesto de la quinta esencia de los elementos combinados de las encarnaciones anteriores. Evoluciona y progresa con el alma y es tanto más sutil y menos material cuanto más elevado y perfecto es el individuo. El Periespíritu asegura la conservación de la indiviualidad, fija los progresos ya conseguidos, es decir, sintetiza el estado de avance del ser.

El vehículo periespiritual está regido por siete “Centros de fuerza” o “Chakras” según el lenguaje de Oriente, que tienen el doble cometido de dar vialidad a nuestro cuerpo físico y hacernos percibir físicamente el mundo fluídico o mundo espiritual que nos rodea y nos influencia. Vibrando en sintonía unos con otros al influjo del poder directriz de la mente, establecen para su uso un vehículo de células eléctricas.

La vitalidad con que estos “Centros de fuerza” o “Chakras” impregnan nuestro organismo es lo que hace que éste sea un conjunto armónico con un denominador común; la voluntad del Espíritu. Aquí vemos hasta que punto puede influir la situación o estado moral del espíritu sobre la salud física del individuo.

André Luíz, este espíritu de Luz que se comunicaba con Chico Xavier, nos confirma los siete “puntos energéticos” del Organismo Psicosomático con él lo define:

EL CORONARIO, percibiendo en primer lugar los estímulos del espíritu, es el principal, donde se almacenan las experiencias quedando en el subconsciente, sede y domicilio de la mente o consciencia. Por eso, al investigar sobre vidas pasadas se encuentra la información.

Controla el sistema nervioso. Coincide con la atrofiada glándula pineal y nos comunica, una vez en completo desarrollo, directamente con el plano mental. Su vivificación da esa aureola de luz amarilla que los antiguos pintaban alrededor de la cabeza de los santos. Su despertar total permite al ser salir y entrar en el cuerpo físico con toda claridad y pleno conocimiento de ello. El despertar de este “centro de fuerza” de colores inimaginables es, en fin, el que nos da la conciencia física de la realidad de lo que somos: ESPIRITUS. Estabiliza y organiza el metabolismo y de él parte la corriente de energía hacia otros centros.

EL FRONTAL, situado entre las cejas, ordena las percepciones que en el cuerpo físico constituyen la visión, la audición, el tacto y la vasta red de procesos de la inteligencia con relación a la palabra, a la cultura, al arte, al saber. Nos ofrece también la visión de planos de seres mucho más elevados, y en el inicio de esta facultad solo se perciben, junto a la sensación de la presencia de alguien, colores y vagas formas vaporosas, que poco a poco se van definiendo, pudiéndose ver claramente la forma y naturaleza de la videncia.

A continuación destacamos el CENTRO LARINGEO que preside los fenómenos vocales. Su fuerza controla las actividades del timo (glándula endocrina), de la tiroides y de la paratiroides, así como la palabra, los tonos y la respiración. Une el pensamiento con la emoción y riega el cerebro con sus rayos.

Después identificamos el CENTRO CARDIACO que sustenta los servicios de las sensaciones, la emoción, el altruismo, la nobleza, el amor y el equilibrio general. La circulación de la sangre es otro de sus cometidos.

Prosiguiendo, señalamos el CENTRO ESPLÉNICO que en el cuerpo físico está situado en el bazo, controlando el páncreas y regulando la distribución adecuada a los recursos vitales por todos los rincones del vehículo que nos servimos. En otra función hace recordar los viajes astrales que efectuamos mientras dormimos. Una vez desarrollado este centro nos da la posibilidad de poder viajar astralmente siendo conscientes de ello.

A través del CENTRO GÁSTRICO, llamado PLEXO SOLAR porque es radiante como un sol, se verifica el estomago y la asimilación de los alimentos, así como todo lo relacionado con el intestino y riñones. Cuando se despierta el cuerpo astral hace percibir toda clase de influencias astrales, tanto si son positivas como si son negativas. Esta es la causa de que las contrariedades, los odios, los deseos de venganza, cualquier sensación pasional intensa, se sienta precisamente en la parte que vivifica este centro, es decir en la alteración y el “retorcimiento” del estómago y los intestinos.

Y, por fin, tenemos el CENTRO GENÉSICO. Es el templo “modelador de formas y estímulos”. Situado en la parte de los genitales, le concierne todo lo relacionado con el sexo.

Cuando nuestra mente, por actos contrarios a la Ley Divina, perjudica la armonía de cualquiera de esto focos de fuerza de nuestra alma, naturalmente se esclaviza a los efectos de la acción desequilibrante, obligándole al trabajo de reajuste. No debemos olvidar que nuestro cuerpo sutil, así como el cuerpo de carne, es creación mental en el camino evolutivo, constituido con recursos tomados transitoriamente por nosotros de los graneros del Universo, medio del que nos servimos para ambientar, en nuestra individualidad eterna, la divina luz de la sublimación, con la que nos cabe demandar las esferas del Espíritu puro.

Todo el trabajo de la mente en el espacio y el tiempo se vale de millares de formas a fin de purificarse para la Gloria Divina.

Juan Miguel Fernández Muñoz

Los fluidos sanadores

23 septiembre, 2009

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Para aquellos que a través de la búsqueda del conocimiento “despertamos” al mundo invisible, la sanación espiritual es contemplada como “algo” natural que forma parte de nuestras vidas y a la que acudimos convencidos con fe razonada.

Difícil es comprender a los que no se despojaron todavía de su incredulidad, haciéndolos salir de sus negativas ideas, de que “no estamos solos”, que estamos acompañados por espíritus familiares que desencarnaron, así como de otros más evolucionados que buscan el bien general de la Humanidad, ayudándonos e instruyéndonos en nuestro caminar.

No existen escuelas para la formación de sanadores, ya que estas curaciones son debidas a las potentes energías que los “seres espirituales” generan y canalizan con su asistencia; pero es de suma importancia que las personas que se dediquen conscientemente a esta tarea se predispongan a acondicionar su íntimo de manera que puedan establecer una buena sintonía con los “guías” que habitan los planos invisibles, colaborando estrechamente en esa unión tan necesaria para conseguir resultados positivos, actuando en silencio, sin vanagloriarse, siendo el instrumento necesario para nuestros amigos cósmicos. Ha de cultivar la pureza de sentimientos, el desinterés, la benevolencia, el deseo de proporcionar alivio al semejante. La voluntad de servir es factor preponderante.

El estado vibratorio de un sanador, cuando se encuentra armonizado, emana espontáneamente unos fluidos que estabilizan el ambiente del auténtico “Centro de cura”, donde colabora, anulando con su presencia las energías negativas que pudieran haberse acumulado en su ausencia. Los trabajos son preparados y regulados previamente por los “Mentores Espirituales”, siendo este un proceso impecable en su ejecución, aplicándose según la evolución del individuo.

Allan Kardec, el Codificador de la Doctrina Espiritista, dijo que el ser pensante es constituido de tres elementos: El espíritu eterno ( principio inteligente del hombre), el periespiritu (envoltura del espíritu), o cuerpo de plasma biológico, constatado por la cámara Kirlian y confirmado por los científicos rusos en 1965 al que llaman cuerpo bioplasmático, y la materia, que es la sombra transitoria que pasa.

Para comprender de que manera se genera la sanación espiritual, desde la observación espiritista, debemos decir que el “Fluido Cósmico Universal” (energía cósmica), es el elemento primitivo del periespíritu (sobre el que se tratará la curación) y del propio cuerpo físico.

Desde el instante de la fecundación, el cuerpo carnal fue constituido molécula a molécula por la voluntad del espíritu, que definirá el futuro cuerpo espiritual del ser.

Por ser ambos transformaciones de él, ese fluido, condensado en el periespíritu, puede proporcionar principios reparadores al cuerpo.

El pensamiento del sanador actúa sobre los fluidos espirituales, transmitiéndolos de Espíritu a Espíritu, conforme sean buenos o malos, sanando o viciando los fluidos ambientales.

El periespíritu de los encarnados, siendo de naturaleza idéntica al de los fluidos espirituales, él los asimila con facilidad, como una esponja se empapa de un líquido, dependiendo, está claro, de la ley de sintonía y afinidad.

Actuando esos fluidos sobre el periespíritu, este, a su vez, reacciona sobre el organismo material con el que se encuentra en contacto molecular; si los efluvios son de buena naturaleza, el cuerpo siente una grata y saludable sensación; si no lo son la impresión es negativa.

Considerado como materia terapéutica, el fluido tiene que alcanzar la materia orgánica, a fin de repararla, puede, entonces, ser dirigido contra el mal por la voluntad del sanador, o atraídos por el deseo ardiente, por la confianza, por la fe del enfermo. Con relación a la corriente fluidica, el sanador obra como una bomba impulsora y el enfermo como una bomba aspirante. Algunas veces es necesaria la sintonía de las dos acciones. La disposición mental de quien aplica la sanación y de quien la recibe es muy importante.

El poder terapéutico está en la pureza de la sustancia transmitida, de la fuerza psíquica y espiritual, cuya corriente fluidica circula de aura a aura, pero depende también de la energía de la voluntad que, cuanto mayor sea, más abundante emisión fluídica provocará y mayor fuerza de penetración dará a los fluidos.

Los fluidos son también el vehículo del pensamiento, el cual puede modificar las propiedades, impregnándolas de cualidades buenas o inferiores según la pureza o impurezas emitidas.

Lo importante es, repetimos, la disposición mental para transmitir o captar los fluidos.

Podemos concluir, después de este análisis, que las formas externas de sanación son secundarias y solamente pueden ser válidas aquellas aplicaciones que ofrezcan mayor porcentaje de confianza a quién da y a quién recibe, atendiendo a los principios de la ética, simplicidad y discreción cristiana.

Juan Miguel Fernández Muñoz

La presencia de los Espíritus en nuestra vida

23 septiembre, 2009

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Sabemos, gracias a la Doctrina Espírita, de la influencia de los Espíritus sobre los acontecimientos de la vida. Conocemos que ejercen a través del pensamiento un poder directo en muchas de las acciones que emprendemos. Y también entendemos que nunca se apartan de las leyes de la naturaleza, a la hora de influir sobre nosotros.

Al pensar así, podríamos considerar que ponen limitaciones a nuestros actos, porque nos sentimos observados. Pero, por el contrario, consideramos que pueden ser posiblemente un freno a nuestras incorrectas realizaciones, ya que se nos auxilia de manera eficaz en nuestra vida al precisar su ayuda y recibir orientación a través de las intuiciones e inspiraciones que percibimos sin coartar nuestra libertad.

Cierto día, tras la conferencia que impartimos en un querido Centro Espírita, lejos de nuestra ciudad, correspondíamos durante el coloquio a una de las preguntas que se nos había formulado, cuando la persona a la cual dirigíamos la aclaración nos dijo:

-¡Me sorprende que hable usted con tanta naturalidad de los Espíritus y del mundo espiritual, ya que para mí no está tan claro!

Seguidamente, tras disculparnos, le comentamos que la manera de hablar y de sentir emanaba instintivamente de nuestro íntimo, gracias al razonado conocimiento adquirido a través del estudio y las experiencias vividas a lo largo de los años, que los Espíritus había hecho germinar en nuestra vida.

Y esta forma de expresión, este sentimiento, acompañado del alimento espiritual, es lo que desearíamos contagiar de modo claro a familiares, amigos a todos aquellos que conviven junto a nosotros.

Porque bien es cierto que cada ser humano tenemos cerca un espíritu protector que nos vela, pero recordemos, asimismo, que nuestros pensamientos y acciones podrán atraer a espíritus imperfectos que se unirán con el fin de alejarnos del buen camino en cuanto se les presente la ocasión. Será entonces cuando se creará un enfrentamiento entre el bien y el mal que llevará el hombre al desenlace, en función de la lucha íntima que él, y solamente él, marcará con su decisión.

Sí, los Espíritus están presentes en nuestras vidas pero nosotros seremos quienes decidiremos si será beneficioso o perjudicial para nuestra evolución.

Juan Miguel Fernández Muñoz

Tiempos difíciles

23 septiembre, 2009

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“Mejore siempre sus condiciones personales por el trabajo y por el estudio, a fin de que usted pueda mejorar la vida a su alrededor”.
(André Luiz – Espíritu)

Por un lado, y a través de la mediumnidad los Mentores Espirituales nos dicen que desde hace cerca de cincuenta años están encarnándose espíritus con el compromiso de ayudar a progresar a este planeta, al que curiosamente llamamos Tierra, a pesar de que más de sus tres cuartas partes estén constituidas de agua. Y por otro, observando el entrono, todos somos conscientes de que estamos atravesando actualmente en el mundo una etapa que se destaca fundamentalmente por su agresividad, violencia, drogadicción y sexualismo que nos preocupa llamándonos poderosamente la atención.

Hace tan sólo unas semanas comentábamos con Rogério Coelho, de Brasil, ponente del V Congreso Espírita Nacional celebrado en Málaga, los temas que se habían suscitado en la segunda noche de los coloquios ofrecidos por el conocido médium brasileño, Divaldo Pereira Franco y otras personalidades, a través de las preguntas formuladas por el público asistente relacionadas con esta desagradable situación que vivimos.

Rogério nos comentó que los Espíritus Superiores habían informado que están encarnando en la Tierra, en los últimos años, espíritus muy atrasados y perversos que llevan adormecidos en el Mundo Espiritual, por sus perturbaciones, más de mil años sin reencarnar.

Esta oportunidad que se les había ofrecido era la última, al igual que aquellos otros citados anteriormente, que de no ser aprovechada por ellos serían enviados a otros mundos más primitivos para trabajar en la ayuda de su evolución, de la misma manera que los espíritus de Capela actuaron el la Tierra, según nos narra, en su Obra Mediúmnica, el Espíritu Emmanuel,“A camino de la Luz”, libro Psicografiado por el médium Francisco Cándido Xavier.

Lo más sorprendente de esta comunicación es que estos espíritus malvados e inferiores, los encarnados hace cincuenta años y estos últimos, se encuentran “viviendo” introducidos entre la alta sociedad, en la política, en la banca, en las grandes empresas que dominan los negocios, desarrollando cargos tan importantes que son determinantes para el progreso de las naciones, y por lo tanto, del mundo ñeque nos encontramos ahora.

¿Y porqué sucede esto?

Parece ser, según informan los Instructores del Plano Espiritual, que el mal se encuentra atravesando en estos momentos un periodo de prosperidad entre el ser humano, y será necesario que el mal adelante adquiriendo cotas aún más altas para que el bien tenga que ir despertándose forzosamente por el dolor en el corazón de los hombres y emprender así gradualmente la transformación espiritual que le llevará a la perfección, a la cual está destinada por el determinismo de Dios.

Juan Miguel Fernández Muñoz

El hombre actual

23 septiembre, 2009

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Buscando engañar la realidad mediante la propia fantasía, el hombre procura proyectar una imagen totalmente opuesta a su conciencia. Evita reflexionar de manera que los problemas que posee se liberen, y permanece continuamente negándose a su esclarecimiento ocultando así su individualidad.

El ego ejerce su predominio en su comportamiento y estereotipa las fantasías que proyecta en el espejo de la imaginación.

No está realizado porque, huyendo del enfrentamiento con su yo, se entretiene en aspiraciones y cuidados hacia cada novedad que se le depara por el camino. No dispone de decisión para desenmascarar su ego por temor a petrificarse de horror, no es capaz de observarse en el espejo de la realidad porque, obviamente, ese espejo representa la conciencia lúcida que descubre y separa objetivamente lo que es real de aquello que apenas parece.

Nos dice el espíritu de Juana de Ángelis que el hombre vive en el área de las percepciones concretas y, al mismo tiempo, en el de las abstractas.

La cultura del arte hace que él se comporte ya como observador, ya como observado que se observa, a fin de poder transformar los complejos o conflictos inconscientes en conocimientos que pueda manejar, dueño de su realidad y de sus actos.

Su meta es poder salir de la agitación en la cual pierde el control para observarse a la distancia, evitando así el sufrimiento mortificador. Para lograrlo, la reflexión constituye un instrumento admirable apoyándose en la cultura y en la realización artística, social, solidaria, que muestra los manantiales del sentimiento y de la conciencia humana.

Arrojado en un mundo exterior agresivo en el cual predomina la lucha por la supervivencia del cuerpo y por mantener el status, el hombre acumula contenidos psíquicos no descartables, ni digeribles, avanzando apresurado hacia el stress, las neurosis, la alienación.

Acumula cosas y valores que no puede usar y por temor a perderlas amplia el deseo de conquistar más, sin darse cuenta de la necesidad de vivir bien consigo mismo, con la familia y los amigos, participando de las maravillosas concesiones de la vida que están a su alcance.

El mensaje de Jesús en Mateo Cap.6 v. 34, es una advertencia oportuna para esa búsqueda agitada cuando recomienda que “no se ande, pues ansioso por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su cuidado; al día de hoy le bastan sus propios males”.

Actuar con sensatez y tranquilidad, confiar en los propios valores y en las posibilidades latentes son reglas que se van quedando olvidadas en perjuicio de la armonía personal de los individuos.

Los intereses competitivos puestos en juego, la aflicción por vencer a los otros o sobreponerse a las demás personas rompen las propuestas de la victoria del hombre sobre si mismo, de su realización exterior, de su armonía ante los problemas que enfrenta.

Las líneas del comportamiento alteradas, induciendo a lo exterior, deben ahora ser revisadas sugiriendo la conducta hacia el conocimiento de valores reales, el redescubrimiento del sentido ético de la existencia y la búsqueda de la inmortalidad.

Cuando el hombre moderno pase a considerar la propia inmortalidad teniendo en cuenta la experiencia fugaz del cuerpo orgánico, emprenderá el viaje de la plenitud de trabajar por los proyectos duraderos en detrimento de las ilusiones temporales, observando el futuro y viviéndolo desde ya, empeñado en el programa de su conscientización espiritual.

Se instaurará en él entonces el modelo de realización de un ser integral, desprovisto del miedo a la vida y a la muerte, a la sombra y a la luz, a lo transitorio y a lo aparente, y de la apariencia a lo real.

Juan Miguel Fernández Muñoz